Aceites Gil Luna es una tradicional almazara familiar, situada en el municipio de El Burgo, en plena Sierra de Las Nieves y perteneciente a la comarca de la Serranía de Ronda. Desde 1954 están dedicados a la producción y envasado de aceite de oliva en dos variedades, Virgen Extra y Virgen Extra Ecológico, reconocidos a nivel internacional por su excelente calidad, su sabor afrutado, gran cuerpo, ligero picor y un aroma inconfundible. Actualmente, embotellan en distintos formatos, como PET, lata y cristal, y en volúmenes que van desde los 250 ml hasta los 5 litros, adecuándose así tanto a la demanda del sector restauración, pequeños comercios y tiendas gourmet, como al consumo de los hogares.

El aceite de oliva Virgen Extra Ecológico Gil Luna procede de cultivos propios. Cuatro fincas con un total de 40 hectáreas en las que se distribuyen 6.000 olivos, muchos de ellos centenarios, de tres variedades: Hojiblanca, Picual y Zorzaleña, esta última endémica de la zona. Certificados en producción ecológica desde 1991, profesan el máximo respeto por el medio ambiente, sin utilizar productos químicos ni pesticidas, preservando la tierra y el ecosistema.  

En el acceso al molino podemos ver una casa con más de un siglo y en uno de sus patios aún se conservan algunas antigüedades, así como una prensa que nos trasmite parte de su historia. Este negocio familiar, compuesto por tres trabajadores, ha conseguido estar presente en varios canales de venta: la tienda online, a la que se accede a través de su propia página web, en grandes superficies y pequeños y medianos comercios tradicionales. Pero su principal punto de venta se encuentra en la misma fábrica, donde nos atiende Mariló Luna, que, junto a su hijo, Cristóbal Gil, y un joven empleado se dedican con esmero y delicadeza a ofrecer un servicio muy cuidado y personalizado. 

Una labor artesanal

La molienda del aceite ecológico comienza en el mes de octubre y una vez realizado todo el proceso y tras una exhaustiva limpieza, comienza la segunda fase de su trabajo, atendiendo a cientos de pequeños agricultores de la zona. “Ellos nos traen su cosecha, normalmente de entre 800 y 1.000 kilos, y se llevan envasado su propio aceite con la garantía de que no se mezcla con ningún otro”, nos explica Mariló. Los aceites de oliva Gil Luna son de una gran calidad, porque es de primera extracción en frío, “20º, en el caso del Virgen Extra Ecológico y 25º en el Virgen Extra”, nos aclara. 

La labor de molienda y extracción del aceite de oliva Virgen Extra realizados por la familia Gil Luna sigue siendo muy artesanal. En sus instalaciones de 700 m2, las aceitunas son depositadas en la tolva desde donde pasan por las cintas transportadoras hasta la limpiadora, lavadora y pesadora. Las tolvas de recepción depositan en el molino las aceitunas, donde se trituran y baten, dándole el tiempo necesario. Luego se decanta, separando el aceite del alperujo. Finalmente, se envasan y etiquetan manualmente. 

Premios

La rigurosa y cuidada labor de esta empresa, así como la conservación de sus olivos ecológicos, ha hecho que Aceites Gil Luna haya obtenido, este año 2020, la medalla de bronce a la calidad en los Premios Mezquita de Córdoba, que también lograron en 2019. También participaron en otro concurso internacional, Premio Virtus Lisboa 2019, en el que fueron distinguidos con el segundo premio por un elevado componente oleocanthal, procedente de sus olivos centenarios y que les da el sabor amargo a ciertas variedades de AOVE. 

Enamorada y apasionada de su negocio

Mariló Luna, emprendedora y apasionada de lo que hace, lleva más de cuatro décadas volcada en su negocio. “La empresa la fundó mi suegro y luego nos encargamos mi marido y yo de ella. Cuando mi marido compró la fábrica yo estaba trabajando en Málaga como secretaria. Siempre se me han dado bien las cuentas y era muy comerciante, o al menos eso decía mi madre- sonríe- y veía que podía aportar mis conocimientos al negocio en el que nos habíamos embarcado”.  

Con la adquisición de la almazara contrajeron una deuda de dos millones de las antiguas pesetas. Con los pequeños ahorros que disponía Mariló, apoyó a su esposo, Antonio Gil, “ojitos azules, como yo le llamaba” y durante 41 años estuvieron trabajando juntos. “Cada uno tenía sus funciones, sabíamos cuál era la responsabilidad de cada uno y eso facilitó mucho las cosas. Entre los dos levantamos, con mucho esfuerzo, esta pequeña almazara”.

Mariló nos comenta que hubo momentos en los que trabajaba más de 20 horas diarias. Se le juntaban los días y las noches y sólo tenía en mente sacar adelante a su familia. Recuerda con añoranza aquellos momentos en los que llegaba al molino, con un niño de la mano, otro en un carrito y otro en la barriga. “No sé ni de dónde sacaba las fuerzas, pero nada me pesaba”. En la oficina donde llevaba la gestión del negocio nos relata que siempre había un moisés, un termo para hacer los biberones y otro para la manzanilla.

Mejorar y evolucionar con la mejor calidad

Desde su incorporación a ‘Sabor a Málaga’ en octubre de 2015, Aceites Gil Luna ha participado en diversas ferias comarcales, como la de Marbella, Nerja, Torrox, Ronda y también en la Gran Feria Sabor a Málaga que se celebra en el Paseo del Parque. También han estado en Madrid Fusión y Alimentaria y tienen previsto asistir a otras ferias ecológicas.

En Gil Luna consideran que es importante formarse para mejorar y evolucionar, “y siempre manteniendo un objetivo claro”. Entre sus metas está el poder seguir garantizando el producto de calidad que han ofrecido desde hace años, siendo además avalado por rigurosos controles sanitarios y de trazabilidad. Además, se han adaptado perfectamente a los nuevos medios de comercialización y nuevas formas de contactar con sus clientes. También disponen de una tienda online y poseen diversos perfiles en redes sociales desde donde se comunican con los amantes del mejor aceite, quienes comparten el valor de este quehacer artesanal y las excepcionales cualidades “del oro líquido Gil Luna”.

Un objetivo sostenible

Mariló Luna, es madre de cuatro hijos y viuda desde hace tres años. Está a punto de jubilarse, pero no quiere hacerlo “hasta ver que todo está en orden”. Sus objetivos a corto y medio plazo son poder seguir ayudando a sus hijos y hacer que la tercera generación de Aceites Gil Luna pueda mantener la sobresaliente calidad que les respalda y crear puestos de trabajo “tan importantes para la comarca”.

Trabajadora y luchadora, es también una mujer físicamente activa y amante del deporte de montaña. “Empecé a hacer deporte con 56 años. Andaba por todos los senderos y caminos para dejar atrás momentos muy duros” La enfermedad de su marido, el Alzheimer, le hizo buscar una actividad que la evadiera. A día de hoy, ha participado en tres ocasiones en la carrera de los 101 Km. de la Legión en Ronda, obteniendo su mejor marca con 21 horas y 35 minutos “andando sin parar”, nos refiere. También participa anualmente en la carrera de la mujer y en la Animal Trail. 

De la cocina tradicional malagueña le gusta todo, pero le encanta el gazpachuelo con gambas, cuya “mayonesa debe hacerse con un buen aceite para dar ese sabor especial y auténtico”. También alaba la Sopa de los Siete Ramales y cómo no, “unas buenas patatas con huevos, fritas en aceite de oliva Virgen Extra Ecológico, Gil Luna”. 

Producción

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