Apícola Milosi es una pequeña empresa familiar, situada en Alhaurín el Grande, en la comarca del Valle del Guadalhorce, dedicada a la producción, envasado y distribución de miel, polen y otros derivados como los propóleos o la Jalea Real. La miel de Tomillo o de Monte son las que tienen mayor aceptación entre los clientes de la zona, pero disponen de otras variedades como la de Romero, Eucalipto, Azahar o Castaño, siendo esta última distribuida en su mayoría en el mercado alemán

Actualmente, cuentan con dos mil colmenas que producen cerca de ocho toneladas de miel y otras ocho toneladas de polen al año. La mayor parte de la producción la comercializan en la provincia de Málaga, tanto en los pueblos cercanos como en la Costa, en localidades como Marbella o Fuengirola, principalmente. Disponen, además de una tienda de venta directa al público en la que junto a los distintos tipos de mieles, polen y propóleos, se pueden encontrar dos secciones, una relacionada con la cosmética natural y otra dedicada a la venta de material y equipamiento para el apicultor.

Es un negocio familiar formado por cinco personas, la familia Pérez Martín, consagrados a esta labor desde hace más de 35 años. La cara más visible en la pequeña tienda de Apícola Milosi es Miriam Pérez, hija del fundador, Alfonso Pérez. “Esto fue una idea de mi madre. Ella siempre quiso que mis hermanas y yo tuviésemos un lugar donde poder ofrecer nuestro producto”. El negocio tiene unos cincuenta metros cuadrados, y junto a él se sitúa una nave de 700 metros cuadrados a donde llegan “los cuadros, que posteriormente se castran y pasan a bidones de 300 kilos. A partir de ahí se envasan y preparan para su distribución”, relata Miriam. “Hoy trabajamos en el negocio mi padre, mi hermana Lorena y su marido, mi marido y yo. Cada uno tenemos nuestra función. Mi hermana Lorena va más al campo, y se pega mucho a mi padre. Ellos dos conocen a las abejas más que yo”, sonríe.

“Mi padre comenzó con tres colmenas de corcho”

 “Mi padre era mecánico y precisamente cuando nací yo, se aficionó a la apicultura”, explica Miriam. “Mi padre comenzó con tres colmenas de corcho, de las que había antes, y salía al campo a cazar los enjambres. No tenía ninguna formación, porque en aquellos tiempos tampoco había tantas cosas como ahora. Fue autodidacta y un gran emprendedor”. La afición de Alfonso Pérez la convirtió en profesión en 2003, cuando crea la empresa “con el apoyo incondicional de mi madre, que siempre estuvo apoyándolo en todas las tareas, desde ir al campo a trasladar las colmenas, observar el estado de las abejas y, cómo no, en la fase final del envasado y la venta”, nos cuenta Miriam.

“Me viene a la memoria cuando de pequeña solíamos llevar las colmenas a los campos de girasol y de algodón de Sevilla o Cádiz, porque entonces, eran las flores que más producción daban. Pasábamos el día trabajando y sacando la miel en el campo y volvíamos a casa, bien entrada la noche, con el camión lleno y una gran satisfacción. En un solo día podíamos recoger más de dos toneladas de miel y se solía hacer un corte al mes”. Esos tiempos han cambiado, según Miriam, porque el tema de los transgénicos ha hecho que el girasol no sea interesante y apenas hay campos de algodón. “Actualmente vamos al castaño o al romero, pero lo que hacíamos antes en tres o cuatro días, ahora lo hacemos en un año”.

Mi madre tenía el gran deseo de pertenecer a Sabor a Málaga

Desde sus inicios, siempre han participado a todas las ferias comarcales, como las de Marbella o Coín,  para ofrecer sus mieles y propóleos, amparados por la calidad y el buen hacer de su trabajo. “Nos adherimos a Sabor a Málaga porque mi madre tenía el gran deseo de pertenecer a esta marca. Siempre quiso llevar el nombre de Málaga en nuestros productos y entendía que esta marca es la que mejor reflejaba a los pequeños productores. Cuando ella falleció, todos aceleramos los trámites para llevar a cabo su deseo y en enero de 2017, nos concedieron el distintivo y desde entonces hemos asistido a todas las ferias con ellos. La Gran Feria Sabor a Málaga es como indica su nombre, grande. Es la que más visibilidad nos ha dado y nos ha generado muchas ventajas, porque los clientes te buscan por la marca”.

“Necesitamos una buena primavera”

El sector apícola, al igual que la agricultura, depende de la climatología y es necesario que llueva en primavera para tener una buena cosecha. La familia Pérez Martín afirma que este ganado es muy delicado y hay que saber moverlo para obtener los productos con la mejor calidad y el sabor que se demanda. “Nosotros en Andalucía estamos acostumbrados a que la miel sea dulce, por eso lo que más vendemos aquí es la miel de Tomillo o Monte. Sin embargo, la miel de castaño es más amarga y aquí tiene poca salida, por eso se exporta”, nos aclara Miriam.

En función a estos gustos y paladares llevan a cabo la trashumancia, que comienza en febrero y termina en septiembre. Durante el mes de enero y febrero disponen las colmenas en la zona de la costa y más adelante las trasladan a la montaña. “Algunos terrenos son propios, otros son alquilados, además de los que anualmente sortea la Junta de Andalucía”.

 A día de hoy venden todo lo que producen y les gustaría poder ampliar el mercado, pero para ello “es necesario que llueva más en primavera, necesitamos una buena primavera. Apenas hay néctar y esto es imprescindible para que las abejas hagan más miel”.

El valor de la formación

Miriam estudió administrativo, y se dedica a la parte más comercial por formación, interés personal y porque además “soy alérgica a la picadura de abeja, aunque esto no me ha impedido estar totalmente implicada en todo el proceso”, explica. Realizó junto con su hermana Lorena un curso de apicultura en el Centro IFAPA (Instituto El Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera y Alimentaria), en Hinojosa del Duque, Córdoba, porque entiende que hoy día es imprescindible para que el negocio avance.

La miel de Apícola Milosi es ideal para cualquier tipo de postre, pero las innovaciones culinarias le han dado un especial protagonismo a este producto para aliñar ensaladas y aderezar carnes. “A mí, particularmente, lo que más me gusta es la batata con miel de Azahar, aunque ahora, que ya estamos pensando en la Semana Santa, las torrijas se convierten en un manjar por excelencia”, apunta Miriam. La gastronomía malagueña tradicional no está reñida con la cocina moderna y degustar una miel hecha con el esmero y dedicación que la familia Pérez Martín le confiere, le hace poseer un sabor singular.

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