Coín Pá Comérselo es una pequeña empresa familiar situada en el municipio malagueño de Coín, en la comarca del Valle del Guadalhorce. Actualmente está dedicada a la elaboración, envasado y comercialización de conservas vegetales, realizadas con productos de temporada y de forma totalmente artesanal, sin conservantes ni aditivos. Entre sus especialidades, todas distinguidas con el sello de calidad certificada de Andalucía, podemos destacar desde las tradicionales mermeladas de cítricos, de mago o de higos de la reina hasta apetitosas variedades de cremas de verduras, pisto, pimientos asados e incluso patés de berenjenas asadas o remolacha.

Sin embargo, su producto estrella son las elaboraciones realizadas con el tomate huevo de toro, una variedad de tomate de pocas semillas y corazón carnoso, cuyo cultivo está muy extendido en las huertas del Valle del Guadalhorce. Poder disfrutar de él solo dependerá de los diversos usos y gustos, bien como tomate triturado al natural, tomate frito con aceite de oliva virgen extra de Málaga, en mermelada, como gazpacho, aunque solo en verano, o yendo más allá de una convencional conserva, como son el dulce de tomate, la sal o el sirope, de tomate huevo de toro.

Poner en valor

Coín pá comérselo nace como marca de conservas vegetales en 2016, a raíz de un evento gastronómico que el fundador de la empresa, José Antonio Cañamero organizó en su pueblo natal, Coín, junto con otros amigos, coincidiendo con La Noche al Raso, y en el que se pretendía poner en valor la riqueza de los productos autóctonos, ofreciendo degustaciones de 30 tapas y otras propuestas culinarias. “Aunque no fue un gran negocio, simplemente por la falta de experiencia -sonríe ampliamente José Antonio- sí es cierto que me reforzó la idea sobre los magníficos recursos que genera nuestra comarca y las distintas formas en las que los pequeños productores podíamos ayudarnos unos a otros”.

Fue entonces cuando José Antonio Cañamero decide reorientar el negocio familiar que llevaban sus padres, José Cañamero y Dolores González, quienes se habían dedicado a la elaboración de embutidos y otros productos cárnicos desde 1968. José y Dolores fabricaban y vendían sus productos caseros desde su pequeña tienda y recorriendo con su coche villas y mercados de toda España. “A veces, cuando mis padres no podían hacer el reparto, enviaban sus chacinas con el recadero”, un vecino del pueblo al que pagaban los portes”, nos relata José Antonio.

Nacido y criado en la trastienda del negocio, se pasó su niñez observando cómo sus padres amarraban las morcillas y cuando ya tuvo edad, echando una mano siempre que pudo. En esa pequeña tienda, la carnicería Cañamero, es donde, hoy día, las estanterías albergan una surtida variedad de conservas de frutas y verduras creadas por José Antonio, quien se postula como la segunda generación de la familia Cañamero González.

La transformación

Poco a poco, José Antonio va transformando las instalaciones de sus padres para llevar a cabo su proyecto, aportando los conocimientos que le trasmite su madre, quien solía hacer conservas para el consumo familiar, y que, junto con diversos cursos y talleres, como el curso de conservas realizado en el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera (IFAPA), de Córdoba, y el curso profesional de cocina tradicional malagueña, le alientan a abordar este mercado, diversificando el negocio de sus padres. “Creo recordar que sería sobre el año 2010 cuando ya estaba experimentando con las conservas”, apunta.

José Antonio nos expone con franqueza que sacar adelante una marca lleva muchos años de trabajo detrás, de errores y aciertos, y siempre invirtiendo cada céntimo ganado en cualquier mejora para para que la empresa pueda crecer. Una de esas mejoras es un sistema informatizado de trazabilidad que le facilita la labor de control sanitario y aunque la mayor parte de su proceso es artesanal, también ha adquirido una máquina que despulpa 200 kilos de tomates en una hora. “Una maquinaria muy elemental, pero que nos apoya sobre todo en las temporadas altas, época en la que además tenemos que contratar al menos a dos personas para sacar adelante la producción,” nos señala con satisfacción.  

Calidad y sabor de cercanía

La materia prima de sus conservas es adquirida directamente a productores de cercanía con el objeto de garantizar la calidad y todo el sabor que alberga la despensa malagueña, a la vez que se aprovechan los excesos de una producción agrícola que cada temporada y año varía inevitablemente. Durante la temporada de verano, a la fábrica de Coín Pá Comérselo llegan alrededor de 40.000 kilos de tomates, que se transforman en unos 50.000 botes de tomate triturado al natural, directamente envasados en botes de cristal de 900 gr. 

Dentro de su cadena de producción se distinguen dos líneas, una tradicional y otra ecológica, la cual está certificada por la entidad CAAE, desde 2018, y que el consumidor puede distinguir con un etiquetado especial en el que se imprime Agricultura Ecológica Andaluza Bio. No obstante, todas las conservas poseen una altísima calidad garantizada y distinguidas por la marca de Calidad Certificada creada por la Junta de Andalucía.

Sencillez y naturalidad

La fábrica de conservas vegetales, en la que trabajan dos personas, entre ellas su impulsor, José Antonio Cañamero, está dispuesta en unas instalaciones de unos 150 m2 en las que se aprecia una maquinaria muy básica que, según nos comenta José Antonio, le permite ahorrar agua y energía. La sencillez, la naturalidad y la labor artesanal son las bases para la elaboración de todos sus productos, utilizando para ello dos sistemas muy comunes en la conservación de alimentos, como son la pasteurización y la esterilización.  

Las conservas de frutas y verduras de temporada realizadas por Coín Pá Comérselo, llegan a toda España a través de distintos canales de venta. Las empresas distribuidoras locales se encargan de abastecer el sector de la restauración, mientras que José Antonio comercializa sus especialidades tanto en pequeños comercios, tiendas especializadas, supermercados y grandes superficies. Asimismo, cuentan con un punto de venta directo en una modesta tienda, situada junto a la fábrica, “la misma tienda que tenían mis padres cuando abrieron el negocio”, nos aclara. 

En las últimas semanas, Coín pá comeselo ha dado un salto comercial lanzando su tienda online a través de su perfil de Facebook, permitiendo de este modo que una pequeña representación de sus elaboraciones naturales llegue al gran público y a cualquier punto de la península. Aunque aún es pronto para decir cuál es el mercado más receptivo, José Antonio declara haber recibido pedidos desde muy diversos lugares, como Sevilla, Madrid, Ciudad Real, Guadalajara, Barcelona o Gerona, entre otros. “Estamos tan asombrados con la aceptación, que hemos tenido que poner a la venta productos que teníamos previsto sacar más adelante, como ha sido el caso de la ensalada de pimientos”. 

Dulce de tomate huevo de toro

Unidos a Sabor a Málaga desde septiembre de 2016, asegura que las ferias organizadas por la marca de la Diputación han sido muy beneficiosas para impulsar su negocio y en ellas ha vivido experiencias únicas e inolvidables. “Aún recordaré cuando en una de las ferias de Sabor a Málaga, que antes se celebraban en la Plaza de Toros, presentamos el dulce de tomate huevo de toro. Todo el mundo, cuando lo veía en el estand, asumía que era carne de membrillo, así que pusimos un cartel con letras muy grandes para que se detuviesen y les llamase la atención esta novedosa creación. Y es verdad que tiene cierto parecido, pero no tiene nada que ver”, nos indica entre risas José Antonio. 

En otra ocasión, y tras la participación en otra feria de Sabor a Málaga, llegaron incluso a hacer esferificaciones de limón, naranja y tomate, un trabajo delicado y muy laborioso en el que introduces el zumo en una jeringa y se va soltando gota a gota. “Entonces, un hotel de la Costa nos encargó 12 botes de cada tipo. Eso fue un viernes y debíamos entregarlo el sábado para que ellos pudieran incorporarlo en unos platos de una celebración. No me preguntes por qué, pero no había manera de que aquello quedase bien, -cuenta entre carcajadas. Me pasé toda la noche intentando descubrir qué estaba fallando. Daba por perdida la venta, pero no quería rendirme. Serían las cinco de la madrugada cuando me percaté de que falta un sencillo ingrediente. Afortunadamente, y tras una locura de noche, a las 10 de la mañana conseguí hacer la entrega”. 

Mermeladas de AOVE y aderezos de higo y mango

En cuanto a las ferias de relevancia internacional, la asistencia a Madrid Fusión y Alimentaria ha supuesto para esta modesta empresa una forma de ampliar su cartera de clientes, mientras que el Salón Gourmets y Gastronomika han favorecido la introducción de sus productos entre grandes chefs. “En el Salón Gourmets presentamos la mermelada de aceite de oliva virgen extra, que resultó todo un éxito y ya estamos envasando para diferentes molinos de la provincia. Y en Gastronomika llevamos unos aderezos de vinagre de higo, de mango y otro aderezo de vino de Málaga con especias, similar al vinagre de Módena, que tuvieron una amplia aceptación. Ello ha hecho que estemos trabajando en otras variedades y estamos pendientes del resultado del estudio organoléptico”, nos confirma.

Entre sus objetivos a corto y medio plazo, están el intentar mantener la producción y cumplir con sus clientes, “porque con el campo nunca se sabe cómo será la cosecha” y poder entrar en alguna otra gran cadena de supermercados. Mientras tanto, siguen haciendo pruebas y trabajando con cocineros, quienes realizan las primeras catas de sus ensayos creativos.

Comer de todo

Para José Antonio Cañamero, toda la provincia de Málaga tiene una riqueza agroalimentaria y gastronómica tan extraordinarias, que deberíamos sentirnos afortunados. Cualquier plato sencillo se convierte en un espectacular manjar, desde un delicioso pisto ecológico de verduras, que solo necesitas abrir y calentar, acompañado con huevos fritos hasta unos pimientos asados con nuestros boquerones vitorianos fritos. Si deseamos un toque más dulce, un bizcocho relleno de mermelada de limón, “es tan rico como fácil”. Pero, además, “a nuestro producto local hay que darle cabida en nuevas recetas”, que nos revelen gustosas texturas, brillantes colores naturales e impensablemente y explosivos sabores. Una combinación que el cocinero del restaurante Almijara Casual Bar, José Andrés Jiménez, consiguió en la Gran Feria de Sabor a Málaga de 2019, “donde utilizó nuestros dulces de tomate, naranja y kiwi, con queso y una reducción de vino Zumbral para presentar un postre que denominó Cubo de Colores”. Como afirma el eslogan de Coín Pá Comérselo, Comer de todo, No abusar de nada y Comer de temporada.

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