Confitería Pastelería Guzmán es una pequeña empresa familiar ubicada en la localidad de Alhaurín el Grande, en la comarca del Valle del Guadalhorce. Fundada hace más de 60 años, este obrador se caracteriza por la elaboración cien por cien artesanal de un gran surtido de dulces típicos malagueños y de temporada, sin aditivos ni conservantes, y realizados con las recetas y métodos más tradicionales, siendo los bollos de aceite, los borrachuelos, roscos, pestiños y torrijas algunos de los más solicitados, sin olvidar su afamado Roscón de Reyes. Sin embargo, son sus originales y sabrosas Tortas de Guzmán y el Bollo de Aceite los dos productos estrella de esta casa, unos dulces que aún atesoran todo el sabor y aroma de antaño, con la más excelsa calidad.

Unos dulces “de toda la vida” -como nos señala su propietario y maestro pastelero, Juan Antonio Guzmán- a los que, con el paso del tiempo, se le han ido uniendo otras creaciones y propuestas innovadoras, usando las técnicas más vanguardistas en el ámbito de la repostería y brindando así a sus clientes un gran surtido de pasteles, tartas para todo tipo de celebraciones, un servicio de catering dulce y salado y hasta fuentes de chocolate. 

Torta de Guzmán

La historia de este entrañable negocio familiar data de 1960, cuando los padres de Juan Antonio, José Guzmán e Isabel Rueda montan un humilde obrador de pastelería en su propia casa, elaborando una reducida variedad de dulces que posteriormente vendían y repartían por las casas y tiendas de la zona. Nos cuenta que su padre había trabajado como panadero en “la mili” y cuando volvió de ella – en unos tiempos difíciles- “se pegó” a un pastelero que tenía una confitería en Málaga, quien le enseñó a hacer algunos dulces, entre ellos las tortas locas. “Fue mi padre quien trajo a Alhaurín el Grande la receta original de este conocido dulce malagueño, procurando invertir en él todo el amor y dedicación para hacer posible que ese sabor, ternura, aroma y color anaranjado, tan inconfundibles y auténticos perdurasen en nuestro recetario familiar y legándome un saber hacer único que ha hecho famosas a nuestras tortas”. Un dulce típico en Alhaurín el Grande, que todo el mundo conoce como ‘Torta de Guzmán’ y cuya peculiaridad más distintiva, desde sus orígenes, es que siempre ha ido envuelta en papel y se ha vendido por unidades, características que no solo le ha permitido diferenciarse en un mercado muy competitivo, sino que lo ha hecho muy práctico para consumir en cualquier momento  “siendo el desayuno preferido por muchos niños a la hora del recreo y un buen compañero durante las excursiones del colegio”, nos comenta Juan Antonio.

Loquitas y Bollo de Aceite

Juan Antonio afirma que la original Torta de Guzmán ha dado paso a “las loquitas”, que actualmente presentan en una bandeja surtida de doce pequeñas piezas, con cobertura de chocolate negro, chocolate blanco y “la tradicional de yema, de color naranja”, pero siempre manteniendo ese excepcional sabor, frescura y textura, gracias a unos ingredientes de “primerísima calidad”, un hojaldre hecho a mano y una crema para el relleno que se preparan a diario, garantizando así tener “un producto magnífico”. Como “magnífico” es también otro de sus dulces estrella, el Bollo de Aceite, un bollo hojaldrado con AOVE, muy “autóctono, sano y sin conservantes ni aditivos, que hace las delicias de pequeños y grandes”, y que Juan Antonio nos invita a probar para que demos buena fe de sus palabras.

Economía de mercado y de cercanía

Confitería Pastelería Guzmán ha ido evolucionando con el tiempo, y cuando Juan Antonio cogió las riendas del obrador, hace 20 años, – “aunque llevo cuarenta en la profesión, ahí dejo los números”- continuó elaborando los dulces artesanales con el mismo esmero que le había inculcado su padre, su gran maestro, para seguidamente trasladarse a Barcelona, donde se formó en pastelería general y otras especialidades. Desde entonces, Juan Antonio ha ido actualizado permanentemente sus conocimientos a través de decenas de cursos para estar siempre “a la última”, aunque confiesa que desde siempre le ha gustado experimentar, sobre todo con frutas frescas, así como con muchos otros productos malagueños, como higos, almendras, pasas; fomentando una economía de mercado y de cercanía, buscando alternativas diferentes y adaptándose a los gustos de sus clientes.

Obrador y cafetería

Confitería Pastelería Guzmán está emplazada hoy día en la misma calle donde el padre de Juan Antonio montó su humilde negocio, “a tan solo 100 metros de distancia”. Este establecimiento se remodeló hace 20 años y dispone de unas instalaciones de 500 m2, donde actualmente trabajan cuatropersonas, entre ellas la mujer de Juan Antonio, Pepi, “el alma mater del negocio y mi compañera de viaje” -matiza-. El obrador da paso a una pequeña zona de cafetería, donde se puede disfrutar de variados y apetitosos desayunos y meriendas. 

En las vitrinas y estanterías, además de las ya mencionadas Tortas de Guzmán y loquitas, se dispone un gran surtido de pastelería, entre los que distinguimos patas de cabra, ballenas, cañas, palmeras y “unos merengues muy especiales que tienen mucho éxito entre los clientes en cualquier época del año”, sostiene Juan Antonio. 

Igualmente, hay un espacio reservado a las tartas semifrías, de chocolate blanco y negro, caramelo o mango, entre otras, y que comparten “escenario” con las tartas que también elaboran por encargo para bodas, bautizos, cumpleaños y otras ocasiones especiales, distinguiendo las de naranja, yema tostada, turrón o nata con nueces. Aunque Pepi y Juan Antonio aseguran que es, sin duda alguna, la tarta Alhaurín, una especialidad de la casa rellena de crema pastelera, trufa o chocolate y con cobertura de nata y caramelo, la estrella de las tartas. 

Una exquisita variedad de productos dulces que, junto a otras elaboraciones saladas, como canapés y empanadas, se pueden degustar tanto en el salón cafetería como en cada hogar familiar, ya que reciben pedidos por teléfono y lo sirven a domicilio”, añade Juan Antonio. Confitería Pastelería Guzmán también se encuentra muy involucrado con los comercios de cercanía y suministra a muchas pequeñas tiendas, supermercados y restaurantes de la zona.

Un roscón muy solidario

Cuando se acercan fechas señaladas y festivas, como Semana Santa o Navidad, los dulces más tradicionales y artesanales, inundan el obrador de Guzmán con olor a especias, donde la matalahúva, ajonjolí o jengibre, se unen a las almendras tostadas, la miel, los cítricos de la comarca del Guadalhorce y el vino dulce de Málaga, más común de la Axarquía, descubriendo un bello halo de tonos canela y dorados que brindan a sus clientes el sabor más auténtico en exquisitos dulces como pestiños, roscos, polvorones, mantecados y borrachuelos -rellenos, como batata, cabello de ángel o chocolate-, sin olvidar su popular roscón de Reyes, que cada año se convierte en un roscón gigante de 165 metros, “endulzando las calles del pueblo” e invitando a vecinos y a visitantes a participar en una iniciativa solidaria contra el cáncer, tan “necesaria e indispensable en los tiempos que corren”, apunta Juan Antonio.

Planificando tareas

La pasión por esta profesión unida a su responsabilidad hace que Juan Antonio dedique todas las horas del día, “y de la noche” al negocio. Este maestro pastelero nos describe que su “jornada laboral” comienza siempre la noche anterior, planificando las tareas del día siguiente. En cuanto pone un pie en el obrador, a eso de las seis de la mañana, enciende los hornos y mientras estos se calientan, amasa, estira y da el oportuno reposo a la masa y al hojaldre. Prepara los productos que se consumen a diario en su establecimiento y deja para el momento preciso los encargos, “para que lleguen a la hora acordada lo más frescos posibles”. Cuando ya todo está listo, meticulosamente envasado y etiquetado, pasa a hacer el reparto, normalmente por la tarde, distribuyendo a sus negocios cercanos y llegando hasta donde la carretera y sus clientes le soliciten, “hemos hecho entregas hasta en Sevilla”, nos revela. 

40 pisos… de cine

El buscar siempre la satisfacción del cliente ha permitido que se atesoren anécdotas memorables en la trayectoria de la familia Guzmán, “como cuando un buen cliente y amigo” les encargó una tarta de 40 pisos para la Comunión de su hijo, “el último y más pequeño por el que sentía una gran predilección. Era tal la magnitud de aquella tarta, que tuvimos que coger una ‘cabrilla’ para montar los pisos e imaginaos lo que supuso llevarla hasta el lugar de la celebración, que fue en el Tiro Pichón de Jarapalos, -nos dice entre risas. Fue un reto increíble, pero inolvidable y aún nos echamos las manos a la cabeza cuando nos encontramos y recordamos esta hazaña”.

Otras muchas anécdotas están vinculadas a ciertos “logros profesionales, que nos llevan al reconocimiento más allá de nuestra región”- nos relata con agrado- como cuando hace poco sirvieron los postres del catering de la organización de los XXXIV Premios Goya. “Presentamos tres productos distintivos de Málaga: loquitas, borrachuelos y bienmesabe, un dulce muy elaborado a base de almendra tostada, huevo y azúcar y con los que obtuvimos unas muy buenas críticas entre los invitados, nos refiere Juan Antonio, haciendo un guiño lingüístico al evento.

La Gran Feria

Un buen producto de cercanía, “con garantía de calidad”, un trato cordial y la responsabilidad para ofrecer un buen servicio, son los estandartes que amparan a la Confitería Pastelería Guzmán. Unos valores y buen hacer que han demostrado tanto en su obrador como en cada una de las ferias de muestras, ferias comarcales y la “sorprendente” Gran Feria Sabor a Málaga, a las que han asistido como empresa adherida a la marca promocional de la Diputación de Málaga, a la que pertenecen desde diciembre de 2015.

Redes

Tras sesenta años de historia, Confitería Pastelería Guzmán ve el futuro con prudencia, dando prioridad a la salud y adaptándose a las nuevas circunstancias. Juan Antonio señala que las nuevas tecnologías y las redes sociales le han permitido darse más a conocer. Es él mismo quien sube muchos de sus trabajos a su perfil de Facebook y gracias a estos medios hoy contactan con él clientes que se encuentran en ciudades tan diversas como Valencia o Bilbao.

Nuevas generaciones y recetas como las de antes

Juan Antonio aún no piensa en entregar el testigo del negocio, pero presiente que puede que se salte una generación. Sus hijos, Esperanza, Cristina y Alejandro, maestra, abogada e ingeniero informático, respectivamente, han optado por caminos profesionales alternativos. Sin embargo, de sus cuatro nietos “y otro que viene en camino”, es la mayor de ellos, la que muestra un gran interés por la repostería. “Se llama Daniela y tiene tan solo cuatro años, pero en la viveza de sus ojos ya se aprecia esa ilusión por aprender la profesión y siempre que tiene oportunidad ayuda como puede”, nos explica emocionado.

Y es que el sabor de siempre y con la máxima calidad solo es posible cuando se es “artesano de verdad”. Por ello, los productos elaborados en el obrador de Guzmán han conseguido conquistar los paladares de varias generaciones de clientes, quienes piden que la tarta de nata con fresas frescas y de temporada sepa como las de antes o que el merengue, sea un “merengue de verdad”. Que esas recetas que nuestras abuelas nos dejaron como legado gastronómico de nuestra provincia, siempre sigan los pasos que guiaban la razón del buen hacer. Unos pasos y consejos que marcaron el camino de Juan Antonio y que ha hecho posible que aún hoy día se siga diciendo por ahí que “tortas locas hay muchas, pero como las de Guzmán, solo hay una”.

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