Confitería y Bombonería Daver es una empresa familiar ubicada en la localidad de Ronda y capital de la comarca de la Serranía de Ronda. Dedicados a la elaboración artesanal de helados, pasteles y bombones, la altísima calidad de sus materias primas y la constante incorporación de técnicas innovadoras les han avalado durante tres generaciones. Muestra de ello es el gran surtido que se aprecia en sus establecimientos, desde los dulces más tradicionales como roscos, florentinas y las características yemas de Ronda hasta exquisitas milhojas, petisú, trufas y refinados bombones. Todo ello junto a una amplia gama de productos de temporada donde turrones, mantecados, mazapanes o torrijas, entre muchos otros, nos embriagan con sus brillantes colores y delicados sabores. 

El helado

Hace más de un siglo que la historia de la familia Verdú comienza a dejar su huella en la provincia malagueña con la tradición más dulce. Sobre 1920, un joven alicantino abandona su pueblo natal, Ibi, y llega a Málaga vendiendo sus helados artesanos. Poco tiempo después y viendo la buena aceptación de sus elaboraciones abre en Calle Malasaña la primera heladería Verdú. Este hombre resuelto y trabajador, casado con una malagueña, Josefa Nádales, con quien tuvo 11 hijos, vivió tiempos duros que, unido a la numerosa familia, obligaron al matrimonio a tomar decisiones difíciles. Mientras que David se queda en Málaga con la mitad de sus hijos, Josefa se ve en la necesidad de trasladarse a Ronda con la otra mitad, un lugar más seguro donde poder establecerse y continuar con el buen hacer aprendido junto a su esposo.

La panadería y pastelería

Josefa llega a Ronda en 1942, y es entonces cuando nace la segunda generación Verdú. David Verdú hijo, empujado por una época de carencias, la estacionalidad del producto y la aparición de los helados industriales, empieza a buscar soluciones. “Mi padre me contaba que fueron años realmente severos en los que hacer un helado solo era posible comprando azúcar de estraperlo en la Sierra e incluso en muchas ocasiones, y para para evitar problemas, tenían que trabajar a oscuras, solo con la luz que algunas velas”, nos cuenta la tercera generación de esta familia de artesanos.

 Apremiados por las circunstancias, David Verdú hijo se reinventa y abre la primera boutique del pan en Ronda e introduce la bollería y la pastelería junto a su esposa, María Ángeles de la Vega. “Pero además de pastelero, mi padre fue ante todo un gran empresario. Amplió y diversificó sus negocios, llegando incluso a gestionar el campamento de Benaoján, dando trabajo a 112 personas”, nos cuenta.

Criado entre embriagadores olores y una labor exigente y constante, la tercera generación de la familia Verdú decide ampliar sus conocimientos y formarse a conciencia. En 1988 inicia sus estudios en León, con un curso de amplia base, donde se especializa en los productos básicos de la pastelería. A lo largo de ese año vuelve para completar su formación con un curso en especialidades navideñas, turrones y mazapanes y posteriormente se desplaza en un par de ocasiones a Barcelona donde aprende singularidades sobre panadería, brioche y bollería hojaldrada. En Gijón y de la mano del maestro pastelero, Salvador Álvarez Maño, aprende y sienta los cimientos para su famoso hojaldre de mantequilla. Y desde entonces, cada año, asiste a multitud de seminarios profesionales por toda España, perfeccionando un oficio convertido en arte.

La bombonería

En 1998, el nieto de aquel heladero artesano e hijo de un gran emprendedor, toma el relevo generacional. Surge entonces un nuevo concepto de negocio donde David Verdú de la Vega junto a su esposa, Patricia Benítez, se hacen cargo de la empresa, aportando su matiz diferenciador y reconvirtiendo la confitería en la primera sala de degustación de Ronda. Un espacio donde las innovadoras especialidades de pastelería fina y bombonería creadas por este gran maestro ocupan luminosas y apetitosas vitrinas. 

“También he de confesar que este cambio vino propiciado por unas circunstancias muy especiales”, nos cuenta David. En 1998 todos los trabajadores de la confitería fueron agraciados con el primer premio de la Lotería de Navidad, “con un número que no olvidaré, el 21.856”, sentando las bases para el nuevo rumbo empresarial. 

Asesorados desde 2004, por el maestro Carlos Mampel, prestigioso chef pastelero, chocolatero y heladero catalán, David Verdú comienza una nueva etapa en la pastelería moderna. Con una facturación de más de un millón de euros anuales, el obrador de la Confitería y Bombonería Daver se ha convertido en “centro neurálgico” desde donde, cada temporada, salen al mercado nuevas creaciones que recogen las tendencias más innovadoras. Más de 250 m2 en los que cada zona “tiene su importancia”. Pero es quizá la sala de chocolate, “el área más privilegiada” por contar con las instalaciones más modernas, un lugar muy especial para David, quien nos revela que trabajar el chocolate “es una de las cosas más preciosas de esta profesión”.

Los productos estrella

Entre sus infinitas especialidades, Confitería y Bombonería Daver cuenta con dos grandes productos estrella, las milhojas caramelizadas rellenas de crema de vainilla, llegando a realizar cerca de 400 unidades semanales, y los zapatos de tacón de chocolate, pequeñas obras de arte que se han convertido en un sello de identidad de esta familia, que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.

Las elaboraciones realizadas en el obrador del maestro confitero, bombonero y pastelero, David Verdú de la Vega, junto a un cualificado equipo de profesionales, van adquiriendo un toque muy peculiar para atender tres líneas de negocio igualmente importantes. En las dos tiendas físicas, emplazadas en el mismo pueblo de Ronda, los lugareños y visitantes podrán deleitarse tanto la vista como el paladar con sus creaciones. Y si el tiempo o las circunstancias apremian, es posible realizar un pedido a través de su atractiva tienda online. Asimismo, Daver sirve tanto al sector de la hostelería como a empresas de catering, suministrando una gran variedad de postres, tartas y canapés dulces y salados, ideales para todo tipo de eventos y celebraciones. 

Turrones de 7 kilos

Actualmente, la Confitería y Bombonería Daver, nos brinda un amplio surtido en chocolates, tabletas, zapatos de tacón, botas de fútbol, monas y piruletas, que también suministran a tiendas gourmet, y que ocupan un espacio muy significativo en las dos tiendas que la familia Verdú dirige junto a un equipo humano de 18 personas y que están abiertas 362 días al año.

Mientras, los productos de temporada se van haciendo un hueco a largo del año, como las torrijas rellenas con crema de naranja y las empanadillas con miel, en Semana Santa; las anguilas de mazapán en las Fiestas de Todos los Santos, recalando en una dilatada Navidad, donde la tradición nos trae roscos de vino, mantecados, mazapanes, alfajores y los troncos de Navidad y roscones de Reyes. La innovación y expectación, en estas fechas tan destacadas, vienen de la mano de sus turrones, tacos de hasta 7 kilos y entre los que cabe subrayar el turrón de pistacho y chocolate, cuyo peculiar color verde se ha convertido en uno de sus mayores éxitos. En los veranos se hacen imprescindibles sus cremosos helados, origen de esta historia familiar.

Las tartas para celebraciones especiales, la pastelería fina, los hojaldres y canapés revelan las otras atractivas creaciones y combinaciones que se hacen irresistibles a nuestros ojos y que muy primorosamente ordena y ultima en sus vitrinas la esposa de David, Patricia Benítez. “Ella es la encargada de dar ese toque único a todo, haciendo que los expositores y empaquetados sean igual de sorprendentes por dentro y por fuera”, señala. 

El secreto

El secreto de este negocio se debe a materias primas de gran calidad, donde la leche, la nata y la mantequilla, junto con el AOVE y los huevos de productores de cercanía, se unen a la constante innovación y dedicación, “procurando no sucumbir a la presión que conlleva la evolución creativa”, nos relata David. La satisfacción que le demuestran sus clientes y el amor por su profesión forman el círculo perfecto de este negocio familiar, que en febrero de 2020 se alzó con el Premio Repostería de El Delantal de Málaga.

El objetivo a corto plazo de la Confitería Daver pasa por potenciar su tienda online, facilitando que su pastelería de viaje, como bizcochos, muffins, galletas de especias, pastas de té o palmeras, que por su elaboración poseen una vida más longeva, puedan llegar a cualquier punto de la península y Baleares entre 24 y 48 horas. Por otra parte, la dinamización de las redes sociales, que gestiona el propio David, se configura como el complemento indispensable para llegar a un gran público.

Confitería y Bombonería Daver construye con delicadeza un dulce futuro, reflejando los valores de calidad y amor por el oficio que consolidaron sus antepasados y albergando la ilusión de continuidad de una cuarta generación. “Tengo depositada la esperanza en que mi hijo David, que actualmente estudia un doble grado de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, continue el proyecto, pero todo se andará”, nos comenta el vigente maestro pastelero.

Ferias y experiencias sensoriales

Adheridos a Sabor a Málaga desde mayo de 2016, reconoce que las ferias comarcales son grandes oportunidades para ampliar las ventas, darse a conocer y llevar a cabo fructíferas colaboraciones, y “aunque nos gustaría poder asistir a muchas más, nuestra propia agenda nos ha limitado esa asidua participación”. No obstante, sí han tenido la oportunidad de ir al Salón Gourmets, donde la experiencia, nos explica, “fue realmente satisfactoria. También es muy placentero cuando nos llaman para que demos una Masterclass, es algo que nos encanta y no nos podemos negar”, asiente con una sonrisa.

Ser capaz de elegir entre la amplia variedad de experiencias sensoriales se prevé una ardua tarea, no solo para nosotros, sino también para el propio maestro, quien tras mucho dudar nos confiesa que la tarta de yogur con tocino de cielo se encuentra entre sus preferidas, “eso sí, nunca por delante de las milhojas caramelizadas con vainilla”, nos puntualiza entre risas. Patricia, por su parte, se decanta por la tarta mousse de coco, mandarina y frambuesa, mientras que al joven David Verdú le es imposible resistirse al helado de stracciatella.  Preferencias que inundan los sentidos, llenas de color, aroma, texturas y mucho, muchísimo sabor. 

Producción

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