Frutería Hermanas Briales es un pequeño comercio familiar situado en un conocido barrio de la capital malagueña, muy cerca del centro de especialidades San José Obrero (Barbarela). Desde hace más de 20 años está dedicado a la comercialización de frutas y verduras, cuya materia prima procede, fundamentalmente, de proveedores de cercanía, potenciando los productos locales de temporada y seleccionando todo su género en el momento adecuado de maduración, para que la calidad y el sabor sean el carácter diferenciador de lo que brindan a sus clientes.

En el pequeño local de 20 m2, donde diariamente atienden las hermanas Briales, Isabel y María Teresa, se dispone un colorido abanico de productos frescos que depende mucho de la estacionalidad. Sin embargo, es la naranja del Valle del Guadalhorce, que le provee la Huerta de Carmen, uno de sus grandes productos estrella de esta frutería de barrio. Ello se debe a dos factores, “al extraordinario sabor, con una dulzura muy peculiar”, derivado de las características climáticas únicas donde se cultivan, y “nuestro empeño en ceñirnos a productores de confianza que sabemos que cuidan y recolectan la fruta y verdura con auténtico esmero”, nos explica una de sus fundadoras, Isabel Briales. Esta deferencia por los productores de cercanía también se hace patente en los estantes del negocio, donde se muestran productos de Sabor a Málaga, desde aceitunas y encurtidos hasta especias, quesos, mieles, huevos, frutos secos o conservas vegetales. 

Piezas únicas

Frutería Hermanas Briales nace en septiembre de 1997, cuando una de las crisis que asolaron nuestro país e hirió gravemente a nuestra provincia, las empujó a buscar una salida. “Yo había estudiado auxiliar administrativo, me había quedado sin trabajo y tenía un niño pequeño de seis meses, así que eché mano a lo que conocía”, nos cuenta Isabel. Oriundas de Alhaurín El Grande, criadas en el campo y apoyadas por sus padres, estas dos mujeres abrieron el negocio con el temor que alberga cualquier autónomo, pero convencidas de que, si se embarcaban en ello era para ofrecer lo que su padre, Diego Briales, un hombre de campo, luchador y actualmente jubilado con 83 años, les había enseñado: cuidar de la fruta y de los productos del huerto como si fueran piezas únicas. “Fue un vecino nuestro, amigo de mi padre, quien le ofreció a mi padre alquilar este local, en el que seguimos hoy día, y nos aventuramos con una tremenda incertidumbre, pero conociendo lo que manejábamos y sabiendo diferenciar un buen producto”.

Estas dos décadas han estado “llenas de madrugones”, de carreras para atender la tienda y la familia. “El incondicional apoyo de nuestros padres, que nos enseñaron a cuidar la fruta, procurando que pasase del árbol a la mesa lo más intacta posible”. Isabel y Maria Teresa nos relatan que hubo momentos que se les hicieron muy cuesta arriba, como cuando abrieron 11 nuevos puntos de venta junto a la frutería y cómo se resintieron las ventas. “Lo positivo de aquella circunstancia y que nos ayudó a salir, fue el calor de las personas que seguían viniendo y nos solicitaban cosas muy concretas, bien porque necesitaban frutas y verduras para las comidas de sus bebés o para que les preparásemos una cesta muy exclusiva para Navidad porque confiaban en nuestra originalidad y creatividad. Estos pequeños detalles nos animaban a seguir luchando. Fue un tiempo en el que sentimos, especialmente, la compañía de otra familia: nuestros clientes”.

Amor por la profesión

Cada mañana, sobre las 3:30 de la madrugada, las hermanas Briales se levantan para ir a comprar y escoger las frutas y verduras que luego servirán a sus clientes. Regresan al negocio sobre las 7:30 h, descargan y colocan la mercancía y cuando ya han organizado y dispuesto el género, “corren un ratito” a atender a sus hijos y compartir un fugaz desayuno. “Dicen que con el tiempo te acostumbras a madrugar, pero yo, sinceramente, pienso que a esto no se acostumbra nadie, lo que nos motiva son el amor que sentimos por nuestra profesión y la satisfacción que nos genera complacer a nuestra clientela”, asevera Isabel. 

“Nueve cestas de fruta”

Afirman que cada día les sorprende una historia, una circunstancia que les hace superarse, olvidarse de la falta de sueño y volcarse en un oficio realmente apasionante, como cuando las clientas pasan a presentarles sus bebés recién nacidos antes de llegar a sus propias casas o les hacen partícipes de pequeños acontecimientos de sus vidas: relatos de sus vacaciones, embarazos muy deseados o cumpleaños especiales. “Me viene también a la memoria cuando preparamos nueve cestas de fruta, encargadas por un marido infinitamente agradecido a un equipo médico y de enfermeras del hospital Clínico que había estado junto a su esposa durante todo el proceso de superación de un cáncer. Aún me sobrecoge aquel recuerdo”, destaca Isabel.

En un negocio como este no se habla de grandes cifras, “hay días buenos y días malos, hay veces que se prevé vender algo que nos parece que tendrá mucha salida y por el contrario nos sorprende que salga otro producto, porque precisamente ese día, no sé por qué, a todo el mundo le ha dado por cocinar algo parecido. Y eso hay que tenerlo muy en cuenta, porque son productos con una fecha de caducidad muy corta”.

Entre sus objetivos a corto y medio plazo, a las hermanas Briales les gustaría poder ampliar su negocio, tener más metros para incorporar nuevos productos, elaborar más variedades de cestas y “exponerlas para que luzcan como se merecen”.  Isabel y María Teresa aseguran que les encanta lo que hacen y esperan jubilarse en el negocio. Ven difícil que sus hijos continúen con la empresa “porque cada uno va buscando su camino. Por ejemplo, mi mayor, que tiene 23 años, ha estudiado para Maître y el más pequeño, de 20, está estudiando Caracterización”, nos cuenta Isabel.

A domicilio

La frutería de las hermanas Briales ofrece diferentes servicios, adecuándose siempre a las necesidades de su clientela. Preparan pedidos y hacen entregas a domicilio a más de 2 km de su área de influencia. “Nos hacen los encargos por teléfono o bien nos mandan un Whatsapp (628 44 51 37) y cubrimos toda la zona de Barbarela, llegando hasta más allá de Teatinos”, nos aclaran. También elaboran cestas de frutas ajustándose a todo tipo de presupuesto. “En los últimos años hemos realizado multitud de cestas para aniversarios, cumpleaños, para el día de la madre y curiosamente hasta para los profesores, tanto en la época de Navidad como para fin de curso”. También pican y trocean verdura a demanda, según las indicaciones de los clientes, “para que cuando lleguen a casa puedan directamente volcar la tarrina en la sartén y preparar sus sofritos o un delicioso wok, de forma rápida, cómoda e incorporando los ingredientes y proporciones que ellos han elegido, aunque es mi hermana María Teresa la que sabe darle un puntito muy especial a todo”, matiza Isabel. Una variada oferta de servicios a la que se le une otro de sus grandes éxitos, el gazpacho que ellas mismas elaboran durante todo el verano.

 “Si podemos elegir, siempre elegimos lo nuestro”

Adheridas a Sabor a Málaga desde septiembre de 2016, sostienen que lo tuvieron claro desde un principio. “Nos unimos a Sabor a Málaga animadas por un amigo agricultor y porque apreciamos en la filosofía de esta marca una gran similitud con nuestra propia forma de pensar. Nos sentimos orgullosas por la extraordinaria calidad de los productos de la provincia y porque si podemos elegir, siempre elegimos lo nuestro. Además, creemos que debemos concienciarnos en consumir lo que se cultiva y produce en Málaga porque ello genera riqueza y empleo a nuestra comarca”, añaden. Han asistido a varias ferias comarcales de Sabor a Málaga, aunque no con stand propio, sí colaborando con productores de la comarca. 

La apuesta por Sabor a Málaga se hace patente en las mesas expositoras y estantes, donde las hermanas Briales presentan a sus “compañeros” con cuidado y primor, como las deliciosas aceitunas y encurtidos Bravo y Roldán, huevos Salvi, especias Hnos. Pedroza, pimientos asados Proxana, patatas Tío Las Papas, tortas Carmen Lupiañez, especialidades de Almendrera del Sur, “además de mieles, quesos y vinos, todos ellos de Málaga, porque para nosotras el defender nuestros productos es y ha sido uno de los principios esenciales desde que abrimos la frutería”, defiende Isabel. 

Los comercios de barrio

Subidas al tren de las nuevas tecnologías, aunque no disponen aún de tienda online, cuentan con perfil en Facebook e Instagram, “que no siempre los llevamos al día por falta de tiempo”. Las hermanas Briales reflejan en las redes escenas de su vida cotidiana, sus quehaceres y muestran el cariño hacia una clientela fiel, al igual que a sus proveedores, a los que regalan siempre una sonrisa. Un modesto tablón de anuncios que les acerca a las personas que sienten parte de una gran familia y a las que brindan un trato cercano. En este sentido, apelan para que los comercios de barrio no desaparezcan, porque “ahora, más que nunca, hacen falta para crear un futuro próspero para nuestra tierra”.

Potaje de acelgas

Entrar a la frutería de estas dos entrañables y enérgicas mujeres nos llena de sensaciones, invadidos por los intensos colores y el olor a huerta, a fruta recién cogida, donde la perfección no radica en las proporciones perfectas, sino en la posibilidad que alberga la naturaleza para hacer germinar piezas únicas y heterogéneas con un factor común: el sabor autóctono. Este sabor es el que se congrega en los platos típicos de Alhaurín el Grande, desde la sopa de puchero, el gazpacho de invierno, las cachorreñas o mojete hasta el más vanguardista, como las alcachofas confitadas con jamón, fritas con miel de caña o con langostinos. Mientras que Isabel disfruta de los sabores que se entremezclan en una peculiar ensalada malagueña con naranja del Guadalhorce, “a la que incorporo el bacalao desmigado que he sacado de las sopas cachorreñas”, a María Teresa “el alma y la chispa de la frutería” le fascina el potaje de acelgas y una suculenta cazuela de fideos con habas y alcachofas. Dos recetas tan maravillosas y extraordinarias como las hermanas Briales.

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