Haza del Palmar es una empresa familiar, ubicada en el municipio de Coín, en pleno Valle del Guadalhorce, a escasos 30 km de la capital malagueña y a otros tantos de Marbella. La finca, que data de 1890, está actualmente dedicada a la producción ecológica de nueces pacanas, también conocidas como nueces americanas, en dos de sus variedades, Mahan y Cherokee. La recolección, clasificación y comercialización de las nueces está a cargo de una misma familia, que decidieron cambiar, hace poco más de 15 años, la envejecida plantación de cítricos por este fruto de delicado sabor y rico en vitaminas A, B1, B2, B3 y E.

La Finca Haza del Palmar posee una extensión de unas siete hectáreas, entre las que se distribuyen cerca de setecientos nogales, acompañados de olivos y granados. La recolección de la nuez pacana comienza en el mes de noviembre, y es la variedad Cherokee, aunque más pequeña en tamaño, la más temprana. No obstante, el 70% de la producción está dedicada a la variedad Mahan, “de cáscara alargada, algo más grande, fácil de pelar y más conocida entre sus consumidores”, nos explica Alejandro Hevilla Solís, tataranieto del propietario de la finca. La comercialización, que también llevan a cabo ellos mismos, está basada en la cadena corta de distribución, llegando a herboristerías, tiendas ecológicas y gourmet, así como a otros pequeños comercios y restaurantes.

La incansable labor de las mujeres de la casa

Cada día, Alejandro sale al campo, “donde siempre hay algo que hacer”. Acaba de terminar de podar y “hay que estar pendiente porque ya mismo salen las flores y hay que regar y abonar”. Nos cuenta que el campo no entiende de fiestas y hay que estar muy atento a los cambios y hacer lo posible para obtener una buena cosecha. Aunque esta es muy variable de año en año, estima que pueden recolectar unos 1.500 kg de nueces por hectárea. 

A día de hoy se encargan de la tierra sus padres y él, sólo tres personas, “pero cuando necesitamos una ayuda, la familia siempre está ahí”. Su madre, Dolores Solís y su abuela, Lucía Morales, son las encargadas de limpiar y clasificar a mano las nueces que han sido cosechadas en su punto óptimo de maduración. Ellas son igualmente las responsables de pesarlas, envasarlas en pequeñas mallas y etiquetarlas, para que finalmente lleguen al mercado con la mayor calidad y máxima garantía.

Quinta generación de agricultores con pasión por su oficio 

Alejandro Hevilla Solís, de 27 años y graduado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Málaga, siempre tuvo claro que quería ser agricultor, “sale cada mañana al campo con un puñado de nueces en el bolsillo”. Es la quinta generación de una familia de agricultores, que tuvo su origen en la labor de un modesto jornalero del campo, Juan Morales, quien sobre 1890 compró con esfuerzo y mucho trabajo una pequeña propiedad, a la que se le han ido incorporando nuevas tierras.

Los naranjos, limoneros y mandarinos que albergaban la finca originaria fueron envejeciendo con el paso de los años. Ello, unido a la devaluación del precio de los cítricos, así como a las numerosas plagas y enfermedades, terminaron por convencer a la familia Hevilla Solís de la necesidad de un cambio. Es entonces, cuando optan por el cultivo de las nueces pacanas, convirtiéndose en uno de los pioneros del Valle del Guadalhorce y de España.

“Ecológicos por filosofía”

Certificados por la Unión Europea como cultivo ecológico, desde 2008, y bajo la entidad certificadora del Comité Andaluz de Agricultura Ecológica (CAAE), Alejandro afirma que son ecológicos “desde siempre y por filosofía”, respetando el medio ambiente como ya lo hicieran las generaciones predecesoras. 

La calidad de sus frutos y las nuevas tecnologías les ha permitido llegar a más consumidores, y aunque aún no tienen implantada la tienda online, sí reciben y atienden a través del correo numerosos pedidos. “Nos gusta también mostrar nuestra labor a quienes nos siguen por las redes sociales. Es una forma de mantenernos en contacto con un público que disfruta de la naturaleza tanto como nosotros. La verdad es que nos genera un estupendo feedback”, nos revela Alejandro.

Adheridos a la marca Sabor a Málaga desde sus comienzos, aseguran que han tenido un gran apoyo institucional a la hora de formarse, desarrollar sus cultivos y darse a conocer. “Los agricultores siempre nos estamos quejando de que este sector está muy castigado y menospreciado, pero he de reconocer que desde que tenemos el distintivo de Sabor a Málaga somos mucho más valorados jugamos en una liga de primera división. Aprecian el esfuerzo de los pequeños productores. Es muy importante para nosotros poder generar recursos que hagan viable la economía en nuestros pueblos y vivir de la tierra”, asegura Alejandro. 

“También hemos estado en varias ferias con Sabor a Málaga y ciertamente, es que el calor de sus asistentes y el resto de productores nos impulsan a seguir adelante”. El espíritu emprendedor de los productores que acuden a estas ferias ha propiciado muchas nuevas ideas de negocio y diversificación, como consecuencia de ello, la familia Hevilla Solís está en contacto con dos pastelerías, también pertenecientes a Sabor a Málaga, y están trabajando en varios proyectos de repostería que incorporen la nuez pacana.

La nuez pacana y la cultura gastronómica malagueña

El objetivo a corto y medio plazo de Haza del Palmar es aumentar la producción ecológica de nueces pacanas, ampliar el terreno de cultivo, afianzarse e “incentivar el consumo de las nueces que se producen en nuestra provincia, que son de una gran calidad y con un sabor característico”, distinguiéndose así de los frutos que vienen de fuera.

“También estamos trabajando en ofrecer las nueces en otros formatos para acercarnos a otros sectores como el canal HORECA, que demanda la nuez lista para el consumo, y con idea de incorporarla a los platos típicos de nuestra provincia”, nos comenta. 

La familia Hevilla Solís muestra su buen hacer a través de una cálida y entrañable página web, haciendo honor a una larga generación de agricultores, con un gran espíritu de superación, ímpetu por reinventarse y haciendo gala de que mantener las tradiciones arraigadas a la tierra es un digno oficio que tiene futuro.

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