Huerta Río Grande es una pequeña empresa familiar ubicada en el municipio de Coín y perteneciente a la comarca del Valle del Guadalhorce. Dedicada a la producción de huevos ecológicos, su explotación avícola se encuentra integrada en una finca ecológica de nueces pacanas, por donde cada mañana salen “a pasear” 3.500 gallinas criadas en libertad, procurando que el campo y la ribera del río Grande les confiera un sabor y calidad excepcional. 

Certificados en ecológico por CAAE desde sus comienzos, hace ya cerca de cuatro décadas, y distinguidos con el distintivo de Calidad Certificada por la Junta de Andalucía, Huerta Río Grande dispone de una producción limitada de 3.000 huevos ecológicos, que diariamente recolecta, clasifica y envasa. Toda su producción es inmediatamente comercializada y distribuida a particulares, tiendas especializadas y restaurantes, garantizando así su máxima calidad y frescura. 

Esta labor se combina con la recolección de nueces pacanas de dos variedades, Mahán y Desirable, un cultivo pionero en su zona, que llegado el mes de noviembre hay que atender sin demora. Unos 160 nogales repartidos en 2 hectáreas, que hoy día, la hija de sus fundadores, Inmaculada Urbano junto a su marido, Antonio Muñoz, recogen y tratan de forma artesanal. Cerca de 1.500 kilos de fruto por temporada que dejan secar al aire y que solo cuando están en óptimas condiciones, ofreciendo todo su sabor y propiedades nutricionales, se embolsan en diferentes formatos, “siempre, atendiendo las preferencias de los clientes”.

Pioneros

Huerta Río Grande, que debe su nombre al río que pasa junto a la finca y afluente del Río Guadalhorce, surge como finca ecológica de nueces pacanas en 1984, el mismo año en el que nace Inmaculada. En aquellos tiempos, los padres de Inmaculada, José Urbano (Pepe) y Antonia Hevilla deciden cambiar su plantación de naranjos debido a una gran devaluación de los cítricos. La familia Urbano Hevilla, decidida a seguir apostando por unas tierras fértiles y con un gran amor y respeto por la agricultura ecológica, opta por plantar dos variedades de nogal americano, convirtiéndose así en pioneros de este tipo de cultivo en ecológico en la comarca.

La plantación tardó más de 10 años en estar a pleno rendimiento, y a pesar de ello, fue entonces cuando Pepe y Antonia se aventuran a diversificar y a apoyar la producción agrícola con una pequeña granja de 300 gallinas. “El equilibrio perfecto para favorecer la fertilidad del suelo, al mismo tiempo que se proporciona a los animales un espacio adecuado, respetando sus ciclos biológicos”, nos explica Inmaculada. 

Poco a poco, y con muchos apuros, fueron sorteando todo tipo de trances. Inmaculada nos cuenta que sus padres encontraron “no pocas trabas” para emprender en el terreno ecológico. “Entonces no había ayudas de administraciones, no había un conocimiento claro de cómo había que llevar a cabo una explotación de estas características y, de hecho, cuando tenían que sacrificar a unas pocas gallinas, incluso tenían que pagar para que alguien se las llevara, porque a los mataderos no les interesaba cantidades tan insignificantes, lo que suponía un coste inasumible para un pequeño productor”. Aún así, siguieron adelante, convencidos de que su esfuerzo merecía la pena y que el amor por el campo y las cosas bien hechas era el camino correcto.

Cambio de aires

Inmaculada por su parte, creció en el campo, rodeada de una naturaleza protagonista de su espacio y prestándole el mismo cariño que había observado en sus padres. “Durante toda mi niñez, viví la entrega de mis padres, el sacrificio, el trabajo que daban las gallinas, que todo no es coger huevos”, sonríe.

Mujer valiente y preparada, se diplomó en Ciencias Empresariales y durante un tiempo se centró en ejercer lo que había estudiado. Pero en 2008 la crisis pasó factura a todos los sectores e Inmaculada se vio arrastrada en esa corriente donde los trabajos escaseaban y la temporalidad era la tónica habitual. Poco después, su esposo, Antonio, Ingeniero Electrónico, se encontró en la misma tesitura y el joven matrimonio, y padres de dos hijos, decidió cambiar el aire de las oficinas por el aire libre del campo, ayudando todo lo que podían en la empresa familiar. “Mi marido ya solía echarle una mano a mi padre, de vez en cuando, así que él enseguida supo ocuparse”, nos cuenta Inmaculada.

El relevo

En vísperas de la jubilación de Pepe, este hombre de espíritu fuerte y virtuoso encontró el relevo generacional en 2015, cuando Inmaculada y Antonio, conocedores de la intensa dedicación y devoción que Pepe y Antonia habían invertido en la granja y en sus cultivos, toman las riendas de una explotación agropecuaria ilusionados por verla crecer.

Cada día, Antonio es quien se encarga del cuidado de las gallinas, las limpia y les procura un alimento 100% vegetal precedente de agricultura ecológica. Sobre las nueve de la mañana abre la puerta de los corrales para que sus 3.500 gallinas, de la variedad Isa Brown y Lohmann Brown, corran libremente por sus tres parques, picoteando semillas, hierbas y “bichillos”, propiciando una mejor calidad de vida de los animales. Tras recoger los huevos de los ponederos del corral, Antonio los pasa rápidamente a las instalaciones del centro de envasado, donde Inmaculada ya está preparada para clasificar y empaquetar. El 90% de los huevos recolectados son del tamaño M-L (entre 53 y 73 gramos) y el 10% restante se reparte en similares proporciones entre el tamaño S y XL. 

La venta a particulares se realiza en la misma granja, pero es Antonio quien vuelve a tomar el testigo para hacer el reparto y distribución a pequeños comercios, tiendas ecológicas y gourmets, así como a bares y restaurantes. Más de 70 clientes “fieles” para los que Inmaculada prepara las facturas, además de organizar “el papeleo” que conlleva la gestión general de la empresa. Un tándem perfecto que en estos cinco años ha incrementado un 20% su producción avícola, aplicando las enseñanzas y valores que sus fundadores le trasmitieron.

La labor se duplica cuando llega el mes de noviembre, momento en el que comienza la temporada de recogida de nueces pacanas, cuyas variedades brindan un fruto de buen tamaño, muy apreciadas por su sabor y de extraordinarias cualidades alimenticias. Durante varios meses, normalmente hasta el mes de marzo, Inmaculada y Antonio se encargan personalmente de la recolecta, secado, envasado y comercialización de su producción de sus 160 nogales ecológicos. Los embolsan en formatos desde medio kilo hasta sacos de 5kg y los venden tanto a particulares como a comercios de toda España, siendo bastante frecuentes los envíos a Madrid, Barcelona y muchos puntos del norte peninsular.

Con vistas en el futuro

Aunque Huerta Río Grande cuenta con página web, además de perfil en redes sociales, aún no han implantado la tienda online porque, según nos comentan, ello implicaría ampliar una producción que ahora mismo no ven factible, a pesar de que la capacidad de sus instalaciones les permite acoger muchas más aves. 

El principal objetivo de la granja avícola ecológica Huerta Río Grande es mantener una distribución de kilómetros cero y ofrecer ante todo un producto fresco y de calidad, procurando conservar la satisfacción que le manifiesta su clientela.

Unidos a Sabor a Málaga desde diciembre de 2017 y alentados por el respaldo a la producción malagueña, desde entonces han podido asistir a poco más de tres ferias debido a su producción limitada. Orgullosos de portar en sus envases el sello de la marca Sabor a Málaga, aseguran que en todo este tiempo han observado que los clientes valoran cada vez más y se muestran mucho más receptivos a la hora de consumir productos que potencian una economía sostenible. 

Un huevo diario

A la hora de sentarse a la mesa, en Huerta Río Grande, no falta un huevo diario, tal y como indican diversos estudios. La yema “mucho más clarita” por ser de producción ecológica, es aún más sabrosa y exquisita “cuando haces un huevo frito y mojas unas sopitas de pan en ella”, nos señala con una sonrisa Inmaculada. “Y si ese mismo huevo frito se acompaña de un pisto elaborado con verduras frescas recién cogidas de un huerto de temporada, como el que nosotros tenemos en la finca, se convierte en un plato perfecto, equilibrado y saludable”.

Al entrar por las puertas de Huerta Río Grande, la cordialidad y amabilidad con la que Inmaculada nos recibe y atiende nos reconforta y anima a la plática. Ahora, ya casi en el camino de vuelta al asfalto, solo nos queda una duda en el aire: ¿qué deseas inculcar a tus hijos de este oficio? Inmaculada afirma que espera poder trasmitir a sus dos hijos, José Antonio y Andrés, los mismos valores que ella ha heredado de sus padres: luchar con dedicación y constancia y hacerlo siempre lo mejor posible. De sus padres enumera decenas de cualidades, “su capacidad de trabajo, la honestidad, lo claros, sencillos y legales que han sido siempre”, nos comenta con ternura. Inmaculada asegura que particularmente le debe a su madre muchas cosas, pero sobre todo el ánimo, el entusiasmo y el gusto por lo que hace. “Y todo ello es lo que espero poder infundir en ellos”. 

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