Miel Agustín es una pequeña empresa familiar ubicada en el municipio de Teba, en la comarca de Guadalteba. Desde hace cuatro décadas está dedicada a la producción, envasado y comercialización de productos apícolas naturales, donde la labor artesanal y la aplicación de procesos totalmente tradicionales, convierten a sus mieles en productos dotados de la máxima garantía de calidad, la cual ha sido certificada por la entidad de certificación especializada en Producción Ecológica CAAE. 

Con más de un millar de colmenas a su cargo, la familia Romero Guerrero las revisa a diario con esmero y diligencia, encargándose de su trashumancia cuando es preciso para que las floraciones y las distintas épocas del año permitan ofrecer delicados sabores con todas las propiedades y cualidades que alberga la naturaleza.

Entre su amplia variedad podemos destacar la miel de tomillo, aguacate, romero, o sus exquisitas creaciones de miel con nueces o almendras. Sin embargo, es la miel de mil flores, de la que producen en torno a 10.000 kilos al año, su producto estrella, que junto a la miel de eucalipto y azahar son las más demandadas. Una refinada gama de mieles que comercializan y distribuyen a pequeños comercios de la zona, además de a otras grandes empresas envasadoras.

De la afición a la profesión

Miel Agustín surge de la afición de un joven tebeño, dinámico y trabajador, llamado Agustín Romero González, que tras terminar sus estudios obligatorios decide cambiar la teoría y los cuadernos por la práctica y la experimentación, descubriendo con un buen vecino el mundo de la apicultura. “Tendría unos 16 años cuando me pegué a un vecino del campo, un hombre mayor que se había trasladado hacía poco a la zona. Un día observándolo me animó a que lo ayudase y que probase la miel” y desde entonces cayó cual zángano en la miel, asombrado y maravillado por la labor de las incansables abejas en la colmena, capaces de crear un alimento tan extraordinario y de tan ricas propiedades, nos relata con agrado Agustín Romero.

Poco tiempo después, este vecino se tuvo que marchar a Málaga y le pidió a Agustín que cuidase de su “ganado” mientras él no estaba. Más adelante le alentó para que echasen algunas colmenas a medias y las trabajasen juntos y “así empezó mi historia como apicultor” dice Agustín, quien nos indica que de aquello hace ya 44 años. De aquella época, recuerda que con la mitad de colmenas obtenían el doble de miel que ahora. Castraban dos y tres veces al año y sacaban además polen y jalea real.

Cambio climático

Fue sobre los años 80 cuando Agustín finalmente adquirió la explotación apícola de su vecino y emprendió su negocio propio, realizando una gran inversión, multiplicando su colmenar y haciendo de su afición un oficio. La esposa de Agustín, Encarnación Guerrero, le ayudó y apoyo desde siempre. Aunque al principio realizaba junto a su marido todo el trabajo del campo, pronto tuvo que abandonarlo, puesto que resultó ser alérgica y “ni las vacunas que durante años le estuvieron administrando le sentaron bien”, nos cuenta Agustín. Así que Encarnación se centró en el envasado y etiquetado que, en sus comienzos, realizaban “en una pequeña cochera”, fuera del peligro del colmenar. “Y es que a las colmenas hay que entenderlas y echarles paciencia -nos refiere Agustín. Me viene a la memoria que al principio había unas colmenas muy menudillas que salieron de un enjambre silvestre y cuando nos acercábamos a ellas se lanzaban con furia a picarnos y sus aguijones traspasaban hasta el mono que llevábamos puesto”. En otra ocasión, estando cerca del sendero Haza del Río, junto a la Cueva del Toro y el puente del Tajo de las Palomas, en el Caminito del Rey, “dos extranjeros, con sus pantalones cortos y camisetillas de verano, les picó la curiosidad y se acercaron a echar un vistazo sin saber dónde se metían. Nosotros nos encontrábamos en plena castra, así que imagínate cómo corrían los pobres, cuando las abejas se sintieron aún más amenazadas, -nos detalla con una amplia sonrisa mientras añade- vamos, aquello no se me olvidará nunca”.

En 1986 la verroa, un ácaro que produce la enfermedad denominada varroasis o varroosis, se extendió entre las explotaciones apícolas y la de Agustín fue igualmente afectada por esta plaga que causó una elevada mortandad entre su apiario. “Fue un año terrible y desde entonces, este parásito ha sido una de las grandes amenazas que venimos sufriendo, que unido al cambio climático, ha generado una visible disminución en su recolección”. Agustín nos comenta que el cambio climático ha propiciado que, prácticamente, las estaciones se hayan perdido y los golpes de calor estén quemando la floración, “por lo que apenas hay néctar. “En los últimos años hasta la miel de monte también ha sido escasa», alega.

Trabajo en familia

A día de hoy, Agustín y Encarnación, cuentan con la ayuda de sus hijos Agustín y Laura, quienes aportan su granito de arena para que Miel Agustín, en todas sus variedades, salga al mercado con total garantía de pureza. Agustín hijo, de 31 años de edad, ya desde su más tierna infancia aseguraba que quería ser apicultor como su padre y cada mañana acompaña a éste a hacer la ronda en el campo por cada una de las 1.180 colmenas que actualmente disponen: sacando enjambres, metiendo cera, quitando panales viejos, castrando, controlando su salud y realizando la trashumancia. Aunque, actualmente, solo el 30% del total de sus colmenas son trasladadas, llevándolas a distintos montes públicos de Ardales, a diferentes zonas como Campanillas, de donde procede su miel de azahar o a plantaciones privadas de agricultores de la comarca para favorecer la polinización. 

Ya en la nave actual, de cerca de 500 m2 y emplazada en el polígono industrial de Teba, la familia al completo se organiza con el resto de actividades, siendo Encarnación la encargada de controlar la sala de envasado, enfrascando las mieles en botes de cristal de medio y un kilo, así como su etiquetado. Por su parte, Laura, quien recientemente ha sido madre de su segunda hija, es la administrativa, contable y quien procura ultimar los detalles de su comercialización.

Asimismo, esta familia realiza catas de sus diferentes mieles, organiza talleres de velas y atiende visitas, para grupos reducidos, en las que muestra el proceso de esta labor artesanal, como es la apicultura en esta comarca malagueña.

Mieles puras

El principal objetivo de la familia Romero Guerrero es poder ampliar su producción, manteniendo la alta calidad en todas las mieles que producen y abrir una pequeña tienda en el polígono, junto a su nave, “luchando de este modo, con una competencia desleal que importa sucedáneos de miel de fuera de nuestro país, que venden a un precio muy atractivo, pero que nada tienen que ver con las mieles puras producidas por apicultores de la provincia”, matiza Agustín. En cuanto a la posibilidad de poner en marcha una tienda online, Agustín señala que ese objetivo está en mente, pero que a día de hoy tienen abierto un perfil en Facebook desde donde también atienden pedidos.

Desde diciembre de 2015, Miel Agustín se encuentra adherido a la marca promocional de la Diputación provincial, Sabor a Málaga, porque “debemos promocionar lo que tenemos y defender una economía sostenible de nuestra región”, afirma Agustín. Igualmente, considera que su incorporación ha sido muy positiva, puesto que permite a los consumidores tener la certeza de la procedencia y de la calidad que ofrecen los productores malagueños. “Otra de las ventajas de Sabor a Málaga son las ferias” un buen escenario para ofrecer sus productos, y aunque al principio participaron en muchas, entre ellas la Gran Feria Sabor a Málaga que se celebra anualmente cada mes diciembre, en las últimas ocasiones no han podido atenderlas por falta de tiempo. 

Ampliando la cultura de la miel

La gastronomía de Teba, esta pequeña villa de poco más de 4.200 habitantes, viene determinada por los productos que se cosechan sobre el terreno, donde el olivar, junto a la harina obtenida de los cereales que se cultivan en esta localidad, las verduras y las carnes provenientes de la caza adquieren gran importancia en sus platos y guisos tradicionales. Dignos de mención son la porra tebeña, el cordero a la pastoril, el «Lavapuertas», espárragos del monte, la olla y sopa «jervía». Y si buscamos entre sabores más dulces, son reseñables la miel, el mosto y los dulces caseros, como pestiños, empanadillas y tortas de aceite y almendra. 

En casa de la familia Romero Guerrero, la miel está integrada en su dieta desde hace años, “cada mañana nos tomamos la leche con una cucharadita de miel e incluso añadimos miel a las tostadas”, nos revela Agustín, quien también nos anima a que probemos su deliciosa miel de cilantro con queso blanco. Según este experimentado apicultor, a pesar de que somos un país eminentemente productor de miel aún “nos falta cultura” sobre sus usos y las ricas propiedades que aportan a nuestra salud estas “esencias de flores”. Por ello, nos hace hincapié en las recetas de su esposa Encarnación, quien, con el jugo de sus ricos panales de tomillo y mil flores, elabora una vinagreta con la que aliña las carnes, tiñendo de un dorado tostado costillas y un buen solomillo, asados en la barbacoa. Como guinda del pastel, Encarnación nos brinda sus torrijas y tortas caseras, sabores de siempre con el dulzor más natural, el que le otorga la miel de azahar.

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