Miel y Polen La Fraguara es una pequeña empresa familiar, ubicada en el término municipal de Coín, en la comarca del Valle del Guadalhorce, y que desde hace poco más de cinco años está dedicada a la producción de miel, polen, así como a la elaboración de velas decorativas con cera natural de abejas. Con una gran variedad de mieles, entre las que cabe mencionar la de azahar, aguacate, cilantro o castaño, es la miel de tomillo el producto estrella de la marca, por su peculiar sabor y aroma, sus propiedades y por las condiciones y el entorno en el que se origina. Y es que la miel de tomillo La Fraguara ha sido reconocida como una de las mejores mieles a nivel provincial y regional, obteniendo tres merecidos reconocimientos que ponen de relieve su calidad y extraordinarias cualidades.

Aunque esta joven empresa se diese a conocer ante el gran público en 2015, la familia que elabora los productos La Fraguara alberga una amplia y dilatada experiencia en el mundo de la apicultura. Su fundador, Salvador Hevilla Villalobos nos cuenta que él es la tercera generación de apicultores, pues ya sus abuelos y su padre se dedicaban a ello. “Mis abuelos, Francisco y Miguel, comenzaron con esta labor sobre los años sesenta del pasado siglo y en principio lo hacían por afición y para “consumo de la casa”. Sin embargo, mi padre, que también se llama Salvador, lleva dedicándose a ello profesionalmente desde hace ya bastante tiempo. “La verdad es que en mi entorno todos, hasta mis hermanos, nos dedicamos a la producción de miel y juntos podremos sumar cerca de 3.000 colmenas”. 

Salvador Hevilla tendría unos cinco o seis años la primera vez que se aventuró a estar en contacto directo con las abejas y asegura que a pesar de que para él era algo totalmente natural porque ya había visto a su padre y a su abuelo ocuparse de ellas muchas veces, era inevitable tenerles un gran respeto. Recuerda una ocasión concreta en la que acompañaba a su padre a darle una vuelta a las colmenas. Aunque iba convenientemente ataviado con su preceptivo traje, “de pronto noté como un agudo e intenso dolor me perforaba el oído, una quemazón tan extrema que me dejó totalmente fuera de juego. Tenía claro que una abeja había conseguido atravesar la careta. Sin pensarlo dos veces, eché a correr en dirección a casa y mi madre me sometió a una exhaustiva revisión, -de esas que únicamente saben hacer las madres-. Pero cual no sería nuestra sorpresa cuando en el interior del oído mi madre descubrió una hormiga”, nos cuenta entre carcajadas, mientras en la comisura de sus labios va asomando una expresión mezcla de miedo, angustia y alivio a partes iguales, que confluyen al revivir aquel preciso día. Sin embargo, y a pesar de las muchas picaduras y algunos que otros malos ratos, Salvador no desistió en su empeño. 

Una miel muy premiada

Actualmente, Miel y Polen La Fraguara cuenta con una explotación apícola de 800 colmenas, todas ellas en plena producción, que se distribuyen entre los Montes de Málaga y el Valle del Guadalhorce, “concretamente en una zona denominada La Alfraguara”. La mayoría de sus colmenas se encuentran en la modalidad de trashumancia, siguiendo la floración de cada época, a excepción de aquellas que están destinadas a la miel de tomillo que permanecen en un sitio fijo, generando de este modo que se vaya acumulando la miel de toda la campaña. Una miel que destaca por unas muy peculiares características: “posee menos humedad, presenta un intenso color y aroma y al paladar se descubre con un sabor único”. Y es que esta miel de tomillo tiene una altísima calidad, condición que ha propiciado que haya sido galardonada en tres ocasiones: en 2015 y 2016 con motivo del Concurso de Mieles de Andalucía-Expomiel (Córdoba), donde obtuvo un accésit en mieles multiflorales en sendos años y en mayo de 2018, alzándose con el primer premio en la variedad de mieles oscuras en el Primer Concurso de Mieles celebrado por la Asociación Malagueña de Apicultores, en Colmenar.

La temporada

Salvador nos explica que durante el mes de febrero coloca las colmenas en el Valle del Guadalhorce para que las abejas aprovechen la floración de los naranjos, mandarinos y limoneros, obteniendo así la miel de azahar, mientras que en primavera y verano las distribuye en otras localizaciones de la provincia, haciendo posible que se obtengan las distintas variedades de mieles, como la de aguacate, cilantro, romero, matalahúva e incluso de castaño, para la cual traslada las colmenas al Valle del Genal.

En cuanto a la recolección, “depende fundamentalmente del año y las lluvias”. Salvador inicia la temporada con la recogida del polen, “durante el mes de marzo y abril”, y apunta que la cantidad que se obtiene depende de la demanda que exista en el mercado. “Hay años en los que he sacado 600 kilos porque apenas hay clientes que quieran comprarla y otros años en los que se ha alcanzado una cifra superior a los 1.700 kilos”. 

La castración de las colmenas, sin embargo, comienza en mayo y, aunque también depende del año, nos comenta que puede llegar a realizar entre dos y cuatro extracciones durante toda la temporada. “El año pasado, por ejemplo, hubo colmenas de las que sacamos cuatro tipos diferentes de miel, una con cada desplazamiento, a excepción de las colmenas para miel de tomillo, evidentemente, las cuales se castran solo una vez al año, siendo la fecha propicia entre finales de julio y principios de agosto”. No obstante, La Fraguara produce de media anual entre 10 y 15 mil kilos de miel, sumando todas las variedades que ofrece.

Control diario

Este joven apicultor nos revela que el cuidado de las colmenas ocupa por completo su quehacer diario y que durante la época de floración incluso necesita contratar a un muchacho para que le ayude, “aunque también es cierto que mi mujer -María del Mar- siempre está ahí para apoyarme”, sostiene. Una explotación que está continuamente controlada y revisada por Salvador, quien diariamente pasa a ver el estado de salud de sus abejas. Y es que desde hace ya algunos años todos los apicultores están buscando el modo de controlar una plaga, originaria de Filipinas y que se ha extendido por todo el mundo. El parásito en cuestión se llama Varroa y produce una enfermedad – varroosis- que generalmente se manifiesta durante el invierno, causando una grave mortandad entre las abejas. Sin embargo, las investigaciones realizadas hasta el momento no han sido capaces de encontrar un modo eficaz y seguro para su control, “por lo que conlleva unas pérdidas de ganado muy significativas cada año”.

Natural y artesanal

Las distintas labores de castración, envasado y etiquetado de las mieles La Fraguara se realizan en una pequeña casa de aperos de 65 m2, ubicada dentro de la misma parcela donde Salvador tiene gran parte de sus colmenas – La Alfraguara-, y afirma que todo el proceso es bastante artesanal, utilizando para ello una maquinaria muy sencilla y básica, pero siempre bajo un estricto control sanitario. El fundido de cera, sin embargo, lo realiza en el exterior, para preservar a la miel del humo y que no afecte a su calidad. 

La miel, ya envasada en diferentes formatos -que van desde monodosis de 50 gramos hasta tarros de cuarto, medio kilo, uno, dos y cuatro kilos, llegando hasta garrafas y bidones de 25 y 300 kilos, respectivamente-, junto con el polen y un pequeño surtido de velas naturales decorativas, pueden ser adquiridos directamente por el público en el Mercado Agroalimentario del Guadalhorce, ubicado en el polígono industrial La Trocha (Coín), donde Salvador atiende un puesto todos los domingos, en horario de 9h a 14h. Asimismo, y gracias al acuerdo con una distribuidora de la zona, la miel de La Fraguara llega a pequeños comercios y tiendas de ultramarinos de la provincia.

No obstante, los productos de La Fraguara han ido adquiriendo un gran reconocimiento y cada vez más personas hacen sus pedidos por teléfono o Facebook, llegando incluso a traspasar fronteras. “Creo que nuestra miel ha viajado por toda Europa e incluso hemos recibido llamadas para enviar miel a Estados Unidos y China”, alega Salvador.

Mirando al futuro con precaución y prevención

Tras un 2020 bastante convulso, motivado por la crisis sanitaria del Covid-19, Salvador sostiene que se conforma con ir pudiendo dar salida a los productos y espera que se sigan haciendo tantas ferias y mercados como antes, que es lo que le generaba mayor volumen de negocio. No obstante, y a raíz de este acontecimiento llamado “pandemia”, sí es cierto que ha detectado entre el público general una mayor conciencia sobre los productos naturales y las magníficas propiedades que poseen la miel y el polen, tales como potente bactericida, fuente natural de antioxidantes, antiinflamatorio, favorece la digestión y protege contra el daño celular y ayudan en la prevención de enfermedades crónicas cardiovasculares. 

Adheridos a Sabor a Málaga desde diciembre de 2017, Salvador nos comenta que ha tenido la oportunidad de asistir a muchas ferias locales y comarcales de la mano de la marca promocional de la Diputación Provincial. Asimismo, ha estado en tres ocasiones en la Gran Feria de Sabor a Málaga, “una en La Malagueta y dos en el Paseo del Parque”, un mercado que se celebra anualmente desde 2012 y que cuenta con una extensa zona expositora para productores de la provincia, así como un área destinada a demostraciones y degustaciones culinarias que se acompañan con amenas actuaciones musicales.

Cultura generacional

Salvador, padre de 4 hijos -tres niñas y un chico- alberga la ilusión de que la tradición continue y espera poder ver en su familia a una cuarta generación de apicultores. De momento, su único varón, Salvador, de tan solo 15 años, ya controla “él solo” una pequeña explotación de 40 colmenas, “aunque primero están los estudios y luego el tiempo y las circunstancias dirán”, declara con aplomo.

Oficios que se van traspasando de generación en generación, al igual que lo hace la gastronomía, como resultado de prácticas y usanzas de un pueblo y sus gentes, legándonos todos ellos una amplia y rica cultura local. Coín, lugar con gran tradición apícola, lleva incorporando la miel a sus platos y recetas desde hace decenas de años y un ejemplo de ello es un dulce típico llamado Rosquetes de Coín, cuya elaboración requiere de “un buen chorro de miel y, sin duda, la variedad mil flores le va como anillo al dedo”. También nos refiere Salvador los Rosquillos de Ochío, rellenos de arrope o meloja, siendo este último ingrediente un producto que se obtiene de las levaduras de la miel tras un proceso de hervido y extracción de jugos.

Una valiosa receta

Salvador y María José, padres de una numerosa familia y conocedores de las magníficas propiedades que poseen la miel y el polen, aseguran que la más valiosa receta que atesoran es la costumbre de tomar cada mañana una cucharada de miel disuelta en el vaso de leche o en el café, “así como media cucharadita de polen, que unos tomamos con el café, otros con yogur y cereales y otros directamente, a cucharadas”. 

Y es que cuando se tiene la certeza y la garantía de que se consume un producto de la calidad como la que ofrece La Fraguara, cualquier ocasión y plato son idóneos para disfrutar de un exquisito manjar. Manjares que, con frecuencia, encontramos en aquello cotidianamente sencillo, como un trozo de queso fresco de cabra malagueña condimentado con un poquito de miel de cilantro; unas berenjenas fritas con miel de aguacate o un crujiente y sabroso pan frito, regado con un buen AOVE de la tierra y rociado por una generosa cantidad de miel de tomillo La Fraguara. ¡Buen apetito!

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