Un producto natural con beneficios para la salud

La peculiar orografía de la provincia de Málaga, en la que se mezclan kilómetros de costa con enclaves montañosos que se elevan hasta los 2.000 metros de altitud, da origen a numerosos productos procedentes de la madre naturaleza. Uno de los ejemplos más claros de alimento que llega al paladar del consumidor sin apenas alteraciones es el del agua de origen mineral. En la provincia existen dos grandes manantiales de agua mineral: uno de ellos está situado en el municipio de Casarabonela; el otro, en la Sierra de Mijas. El agua de Mijas refleja esa dualidad mágica existente en Málaga donde es posible obtener productos naturales a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar a tan solo unos kilómetros de distancia de la Costa del Sol.

El manantial

La Ermitica, ubicado en la Sierra de Mijas, es el manantial de agua mineral más meridional de Europa; es el último legado natural del viejo continente. El agua se esconde a más de 180 metros de profundidad y se mantiene a temperaturas inferiores a los 17 grados durante todo el año. El municipio de Casarabonela, enclavado en la Sierra de las Nieves, alberga el otro gran manantial de agua mineral. Este tiene el privilegio de ser el manantial más antiguo de la provincia y de recoger el agua de lluvia procedente de algunos de los picos más altos de Málaga, como el pico Torrecilla (1.919 metros).

El proceso de formación El agua mineral es un producto creado por la naturaleza que apenas sufre alteraciones hasta llegar al consumidor. El agua de los manantiales de Málaga comienza su proceso de formación con la lluvia. El agua que cae de las nubes hacia las zonas más altas de la provincia se va filtrando poco a poco por el terreno para recorrer un largo camino por el subsuelo hasta acumularse en un manantial. Durante este camino por el subsuelo, y una vez que el agua se encuentra estancada en el manantial subterráneo, el líquido elemento va adquiriendo y enriqueciéndose de las propiedades de los minerales que encuentra a su paso.

El agua mineral aporta importantes beneficios al ser humano, aunque hay que tener en cuenta que cada manantial tiene unas propiedades diferentes. El agua natural con mineralización débil es beneficiosa porque tiene efecto diurético y un bajo nivel de sodio, lo que es favorable para las personas con hipertensión. También es recomendable para los niños. En cambio, el agua con alto índice de calcio ayuda a fortalecer la masa ósea; el agua con mayor cantidad de sulfatos es beneficiosa para la piel, y el agua con magnesio tiene mayor carga energética que el resto.

El agua mineral es uno de los productos alimenticios que más controles pasan. El objetivo es garantizar que se mantenga pura e intacta desde que sale del manantial hasta que llega, embotellada, al consumidor. Su origen se sitúa en manantiales escondidos a gran profundidad donde el líquido se mantiene durante todo el año a temperaturas bajas y aislado de la contaminación exterior. Gracias a este aislamiento del exterior y al frío, el agua se mantiene alejada de posibles infecciones y organismos perjudiciales para el ser humano. Una vez embotellada sigue conservando intactas sus propiedades minerales.

El agua mineral se impregna de las propiedades de las rocas subterráneas que encuentra a su paso, de ahí que, en función de su procedencia, tenga una composición u otra. Existen muchas variedades de agua mineral, que van desde una mineralización muy débil hasta aguas con altos índices de calcio, sodio, magnesio o flúor. El agua procedente de la Sierra de Mijas, por ejemplo, tiene unos altos niveles de bicarbonatos y calcio, mientras que los niveles de sodio son ligeramente inferiores.