Un fruto seco muy valorado en Europa

La castaña es un fruto seco especialmente abundante en la zona noroccidental de la provincia de Málaga, donde han encontrado un clima de montaña propicio para su desarrollo. La mayoría de la producción, en torno a unos cuatro millones de kilos anuales, proviene del Valle del Genal, donde hay una superficie aproximada de 3.500 hectáreas dedicadas al cultivo del castaño. La mayor parte de la producción de estas castañas malagueñas se exporta a Europa. Los principales destinos de este fruto seco son Italia, Francia, Alemania e Inglaterra. En estos países europeos valoran muy especialmente la calidad del producto que sale desde la Serranía de Ronda, donde existen dos grandes cooperativas.
La más importante es la situada entre Pujerra y Jubrique, aunque en la de Parauta también se recogen cada año miles de kilos.

Cosecha

Las castañas malagueñas representan para muchos vecinos de esta zona de la provincia su principal fuente de ingresos. Cada año familias enteras salen en el inicio del otoño a recoger este fruto seco en parcelas muchas veces escarpadas y de difícil acceso. Allí, es estimada muy especialmente la variedad que se conoce popularmente como ‘pilonga’, que etimológicamente aduce a la facilidad que tiene para pelarse (quitar la piel que hay tras la cáscara). La campaña dura apenas un mes y su finalización se suele celebrar con los populares tostones de castañas en torno al 1 de noviembre o Día de Todos Los Santos. En esta fiesta es costumbre que la castaña se ase y se acompañe con anís o, en pueblos como Pujerra o Arriate, con mistela (un licor anisado tradicional). Precisamente en este último pueblo se celebra desde hace años no sólo un tostón sino también la Fiesta de la Castaña, durante el fin de semana más próximo al inicio de noviembre. En esos días se reivindica la calidad de este fruto seco y se hacen visitas guiadas al museo temático que hay en torno a la castaña. En el pueblo de Yunquera, en la Sierra de las Nieves, también presumen de tener este fruto seco, aunque no sea el predominante. Por ello, en los últimos días de octubre celebra la Fiesta del Vino y de la Castaña, en la que comparte protagonismo con el mosto casero.

La zona que más castañas produce es la Serranía de Ronda. Dentro de ésta, es abundante en el Valle del Genal. Concretamente, la mayor masa forestal se encuentra entre los términos municipales de Igualeja, Pujerra y Parauta. Sin embargo, también se pueden encontrar muchos castaños en el entorno de estos tres pueblos, como es el caso de Genalguacil, Jubrique, Faraján, Cartajima, Benalauría, Benadalid o Algatocín, entre otros. En la Sierra de las Nieves, también hay algunos castañares importantes, como es en el caso de Yunquera, Ojén o Istán. Más escaso es en la Axarquía, donde apenas quedan algunas parcelas en el territorio de Alcaucín.

El cultivo del castaño fue introducido en la Península Ibérica por los romanos, aunque en la zona del Valle del Genal su presencia como cultivo comenzó a notarse en la década de los años 50 del pasado siglo. Hoy en día se pueden apreciar muchos ejemplares vetustos de castaños en zonas como Pujerra e Igualeja, que demuestran de una forma palpable las décadas de historia que lleva la castaña vinculada a este territorio serrano.

La castaña es el principal producto que se recoge en la Serranía, pero no por ello es muy usado en las cocinas de estos pueblos. Pese a ello, en algunos de sus restaurantes se pueden encontrar flanes o inclusos potajes elaborados con este fruto seco. Sin embargo, sí es cada vez más frecuente el uso de la castaña para conservas dulces, como hace desde hace décadas la empresa La Molienda Verde, con sede en Benalauría. Esta cooperativa elabora habitualmente la receta del ‘marron glacé’, mermeladas, bombones o incluso castañas en almíbar.

El denso castañar de la Serranía de Ronda hoy en día no sólo es la principal fuente de ingresos para muchas familias del Alto Genal sino también el protagonista absoluto de su paisaje. Las estampas que ofrece esta zona montañosa varían de color e intensidad en función de la época del año en la que se visite. Así en el otoño sus hojas se van convirtiendo en ocres antes de caer inexorablemente en la antesala del invierno, mientras que en primavera el verde comienza a aparecer en las hojas para dar paso en verano al llamativo color de los erizos que contendrán a las castañas.