El sabor caramelizado de los frutos secos

El olor de la garrapiñada recién hecha atrae y seduce. Sabrás que hay un puesto de garrapiñadas malagueñas cerca por su peculiar aroma. Un olor que te encandilará, que guiará tus sentidos de forma inconsciente hacia ese puesto ambulante que las elabora. La garrapiñada de Málaga es un producto común en casi todos los municipios. Un producto de los de toda la vida que se puede comprar a pie de calle cuando das un paseo por el centro de la capital o cuando recorres los recovecos de los pueblos más recónditos de la provincia.

Las garrapiñadas son frutos secos caramelizados con sabor dulce y bocado crujiente. Su elaboración es compleja y se basa en un proceso manual en el que la cocción deriva en un almíbar que posteriormente será el recubrimiento de los frutos secos. Para hacer garrapiñadas se necesitan pocos ingredientes, basta con un poco de agua y azúcar. Eso sí, para darle más sabor se pueden emplear otras especies aromáticas como la vainilla (es el complemento más habitual a la hora de hacer garrapiñadas). En la calle En Málaga es tradicional vender garrapiñadas por las calles. A día de hoy aún existen numerosos artesanos que poseen puestos ambulantes en los que fabrican este fruto seco caramelizado. Para ello emplean una perola (olla de metal que sirve para cocer) y una cuchara de palo que sirve para remover los frutos secos y el almíbar mientras se cuecen.

La gran ventaja de estos puestos ambulantes es que la garrapiñada se puede comer caliente y recién hecha, algo que resulta especialmente reconfortante en forma de snack en los meses de otoño e invierno. Cuando se compra en plena calle, la forma más habitual de servirla es en cartuchos hechos con papel. En las tiendas también se puede adquirir envasada. No solo maíz La forma más habitual de hacer garrapiñadas es con cacahuetes. Sin embargo, el maní no es la única opción para disfrutar de una rica garrapiñada malagueña. Realmente cualquier fruto seco puede comerse garrapiñado. De ahí que también sea habitual comer garrapiñadas hechas a partir de almendras, de nueces, de avellanas o incluso de pipas de girasol y de pipas de calabaza.

El nombre de las garrapiñadas se deriva del verbo garapiñar que, según la Real Academia de la Lengua Española, significa «Bañar golosinas en el almíbar que forma grumos». Además, la RAE entiende como garapiña «Estado del líquido que se solidifica formando grumo». La procedencia de este snack resulta desconocida, aunque es un producto común en todos los puntos del planeta. Sin embargo, en otras culturas es común la garrapiñada con otros alimentos, como las judías en Japón o las semillas de sésamo en los países árabes.

Las garrapiñadas son un fruto seco habitual en todos los rincones de Málaga, pero si hay un lugar donde este producto es tradición es en Mijas. La garrapiñada forma parte de la cultura y recetario gastronómico de este pueblo costero y es una de sus señas de identidad. Como en el resto de la provincia, las garrapiñadas de Mijas se pueden adquirir en puestos callejeros. Algunos de ellos llevan más de cuatro décadas vendiendo a pie de calle.

El consumo de frutos secos es realmente beneficioso para el cuerpo humano. Como su propio nombre indica, los frutos secos tienen una escasa cantidad de agua, por lo que la concentración de nutrientes, vitaminas y minerales es más elevada. Si ya de por sí las almendras, las nueces, las avellanas o los cacahuetes ofrecen un importante aporte energético, el hecho de ir recubiertos de azúcar caramelizado, les da un punto más de energía en cada bocado.