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Aceitunas y encurtidos Bravo es una empresa familiar ubicada en el municipio malagueño de Alhaurín el Grande, en la comarca del Valle del Guadalhorce, que desde hace más de cuatro décadas está dedicada al aderezo, envasado y comercialización de aceitunas de mesa y encurtidos, elaborando una amplia gama de productos desde las aceitunas partidas con hueso y sin hueso, laminadas, con sabor a anchoa, rellenas de ajos, pepinillos, almendras o de pasta de pimiento, hasta aceitunas negras, moradas sajadas o las deliciosas Chupadedos. Sin embargo, es la aceituna Aloreña de Málaga partida y aliñada –con Denominación de Origen Protegido y que comercializa bajo la marca Brabur– su especialidad y el  producto estrella de la marca. 

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Unas aceitunas de la variedad manzanilla Aloreña de Málaga que tras ser cosechadas en su punto óptimo de maduración son aderezadas de forma tradicional y artesanal con ingredientes totalmente naturales, como el pimiento rojo, ajo, hinojo y tomillo y endulzadas en salmuera, adquiriendo así un sabor y aroma muy distintivos. Unas cualidades de primera calidad que en Aceitunas Bravo han logrado mantener gracias al esmero y minuciosidad con el que han seguido replicando la genuina y heredada receta familiar, “como ya hicieran nuestros antepasados”, pero que además han conseguido distinguirse por su continuo espíritu de superación, adaptándose a los tiempos, creando y desarrollando nuevos estilos de preparados y aderezos que sorprenden a todos aquellos que aprecian una buena aceituna de mesa, y donde sus Aloreñas partidas picantes, al limón o con Aceite de Oliva Virgen Extra, son claros ejemplos de su innovación. En definitiva, sabores que entrañan matices únicos y diferenciadores gracias al secreto mejor guardado de la familia Bravo Burgos: el tiempo, la adecuada proporción de condimentos, y “algún que otro elemento clave e inconfesable”, como nos insinúa con cierto recato la gerente de esta compañía, Toñi Bravo. 

 

El escaparate de la provincia

Toñi Bravo Burgos, quien nos recibe con enorme complacencia a pesar de las muchas obligaciones que le aguardan, nos cuenta que ella representa la segunda generación de Aceitunas Bravo, una compañía que nació del espíritu emprendedor de su padre, José Bravo Solano, un pequeño agricultor que en los años 60 del pasado siglo XX vendía en los comercios, bares y restaurantes de la Costa del Sol  –“el gran escaparate de nuestra provincia en aquellos tiempos”– lo que cultivaba en su finca: “naranjas, ajos, tomates y lo que hubiese de temporada, así como las aceitunas aliñadas que hacíamos en casa”. Un hombre emprendedor y animoso que fue labrando su futuro con mucho esfuerzo y tesón, poco a poco, buscando siempre más y nuevos clientes a los que ofrecerles sus productos, “y si no le quedaba o no tenía lo que le pedían localizaba a otros campesinos de su comarca para que atender los pedidos, procurando  ayudarse unos a otros”.

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Dibujo de niñas

Ya en los años 70, José Bravo decidió dirigir sus esfuerzos a la venta de aceitunas de mesa y encurtidos, “eran productos muy demandados por aquel entonces y permitía orientar mejor los recursos familiares”, así que en 1976, José Bravo, siempre apoyado por su esposa, Josefa Burgos, decidió montar una pequeña fábrica de aceitunas aliñadas, donde una maza para partir las aceitunas fue una herramienta esencial para llevar a cabo su proyecto. En entonces cuando este matrimonio registró la marca de Aceitunas Bravo, donde una ramita de aceitunas representaba la esencia y el saber hacer de la familia. “Poco tiempo después, tendría yo unos cinco o seis años, –rememora Toñi– mi padre nos sentó a mis hermanas y a mí alrededor de una mesa, nos dio un papel en blanco y nos dijo que dibujásemos un olivo y un toro, los dos símbolos que más nos identificaban y que representaban además los valores de enraizamiento y fortaleza que pretendía defender con la marca. Aquel gesto fue un ejemplo de cómo supo implicarnos y hacernos partícipes del gran proyecto que tenía en mente. Una vivencia que está latente en mí como si fuese ayer y que viéndolo en la distancia creo que marcó un antes y un después en la empresa”.

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La máquina de escribir

Toñi nos narra que su padre fue un hombre pionero y muy emprendedor,  intentaba estar siempre a la última implantando sistemas de producción más eficientes, adquiriendo continuamente máquinas nuevas o mejorando el servicio a sus clientes. Por aquel entonces, además de ir buscando las mejores aceitunas de verdeo, también viajaba por media España localizando la materia prima para sus encurtidos, fundamentalmente pepinillos, pimientos y guindillas, a la que se unieron alcaparras, cebollitas, altramuces, zanahorias y coliflor, ingredientes que transformaba en kimbos, banderillas, cócteles y envasaba en su fábrica para vender en los negocios de la Costa. En aquella lucha por abrirse un hueco y un nombre en el mercado, “mi madre siempre remó con él”, y como asegura Toñi, “además de criar y cuidar a cuatro niñas –las cuatro hermanas que somos–, también era la encargada de preparar las facturas. En una ocasión estaba yo en casa estudiando con una amiga cuando de repente empezamos a escuchar un sonido seco pero reiterativo y mi amiga extrañada me pidió ir al lugar del que procedía aquel ruido. Tras asomarnos a la puerta de una habitación, descubrió a mi madre teclear frente a una antigua máquina de escribir donde preparaba de forma pulcra y detallada las facturas para los clientes. Algo que sorprendió a mi amiga y fijó una imagen en mi memoria, convirtiéndose en un quehacer diario no ajeno a nuestras vidas. De hecho, y con el paso del tiempo, esta tarea la fuimos asumiendo nosotras, así que cuando me dispuse a estudiar Empresariales, gran parte de la materia que se explicaba en clase ya la había vivido en casa” –nos describe con una amplia sonrisa. 

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El cambio

En 1997, el negocio de aceitunas aderezadas y encurtidos de la familia Bravo se convirtió en una sociedad limitada, hecho que supuso además de una modificación de la denominación una mejora de las instalaciones, los sistemas de producción, –complementando la tarea más artesanal– y ampliando igualmente la variedad de productos, aderezos y estilos de preparación. Durante todos aquellos años, la estrategia de negocio y el crecimiento de Aceitunas Bravo fue realmente exponencial, “llegando a exportar nuestros productos hasta Ceuta y Melilla”, –precisa Toñi.

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La asociación de aderezadores 

“Más o menos por aquel tiempo”, las empresas de la provincia dedicadas a esta labor tradicional de curación de las aceitunas de verdeo, empiezan a padecer la competencia de aceitunas procedentes de otros países, restando valor a los frutos de la comarca y a un oficio que generaba un importante número de empleos. Es por ello que José Bravo, junto a otros agricultores y productores de aceitunas de mesa, fundaron una asociación de aderezadores con objeto de salvaguardar y proteger sus intereses y aunque José Bravo falleció en 1999, dejando su proyecto empresarial en manos de su esposa, Josefa y sus cuatro hijas, en 2001, y a raíz de aquel propósito, nació la Agrupación de Aderezadores de Aceituna de Mesa de la Comarca Natural del Valle del Guadalhorce (Sierra de las Nieves y Valle del Guadalhorce), que en su empeño por defender sus productos y su labor solicitaron para la aceituna Aloreña de Málaga una Denominación de Origen, siendo esta aprobada en 2008 y ratificada por la Unión Europea en 2012.

Y es que como nos refiere la gerente de Aceitunas y Encurtidos Bravo, la aceituna Aloreña de Málaga es una variedad conocida como la ‘Pata Negra de las aceitunas aliñadas’ cuyas especiales características –hueso flotante, textura crujiente, firmeza de la pulpa, curadas en salmuera y aromatizadas y aliñadas con especias naturales–  la han convertido en un producto singular, logrando ser reconocida como la primera aceituna de mesa con denominación de origen protegida, “fundamentalmente gracias al esfuerzo y a la unión de aquellos productores y aderezadores de la provincia”, preservando de este modo la mejor calidad y la autenticidad del producto.

El legado

Toñi nos sigue relatando que tras la pérdida de su padre, fue su madre, Josefa Burgos, la que asumió la gerencia del negocio y “todas nosotras, aunque aún muy jóvenes, apoyamos su decisión de continuar el sendero que había trazado nuestro padre. Un reto que asumimos a sabiendas de que debíamos defenderlo tanto por ética como por moral” –matiza Toñi. Un camino que no ha sido fácil porque recibimos el legado de una empresa y una marca consolidada y no solo debíamos mantenerla, sino también mejorarla, pero que hemos llevado a cabo con respeto y convicción”–mantiene la actual gerente de Aceitunas Bravo. 

 

El éxito de las Aloreñas 

A día de hoy, Aceitunas y encurtidos Bravo continúa volcada en ofrecer el mejor producto y la mejor calidad. Elabora y comercializa más de una treintena de productos diferentes, siendo las aceitunas de mesa la línea de trabajo que representa el mayor volumen de negocio, empleando para ello, además de la sabrosa Manzanilla Aloreña, otras variedades de aceituna como la Gordal, Manzanilla sevillana, Picual y Hojiblanca. Anualmente venden unos cinco millones de kilos, entre aceituna de mesa y encurtidos, de los cuales, en torno a medio millón o un millón de kilos –según la campaña– está destinado a las Aloreñas de Málaga partidas y aliñadas, “las que cosechan el mayor éxito entre los consumidores”. 

Toñi destaca que la manzanilla Aloreña posee unas propiedades muy distintivas que avalan numerosos estudios, aporta grandes beneficios nutricionales y para la salud, hallando en ella vitamina C, A o retinol, B6 y E, siendo además rica en polifenoles naturales, a los que debe su sabor amargo, y que dispone de un marcado poder antioxidante. Y es que esta aceituna de mesa es recolectada de forma manual, -lo que conocemos como verdeo-, a partir del mes de septiembre y finaliza a mediados de octubre o principios de noviembre, debiendo estar en su estado óptimo de maduración –cuando al seccionar transversalmente el fruto, la pulpa se despega fácilmente del hueso– hecho que propicia que se conserven todas sus cualidades organolépticas. Pero además, estas Aloreñas deben igualmente ostentar otras características, entre ellas el tener un calibre de entre 140-260, es decir, que en 1 kg de aceitunas caben entre 140 y 260 unidades. 

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Frescas y en su punto

Una vez que las aceitunas llegan a las instalaciones de la familia Bravo, éstas son clasificadas, partidas y guardadas en bodegas para ir aliñando y envasando según pedido, en formatos que van desde tarros de cristal de 1kg hasta garrafas de 8 kilos, y propiciando de este modo que el producto esté siempre fresco y en su punto. Estas aceitunas se pueden elaborar de tres modos distintos: verdes frescas, las cuales se colocan en un lugar fresco o en cámaras frigoríficas permitiendo que se conserve tanto el color verde claro más característico y su intenso sabor y ligero picor; la forma tradicional, sin climatización y donde el tiempo va pasando por la aceituna otorgándole un aroma y sabor muy particulares, y finalmente las curadas, que son colocadas sin partir en fermentadores donde sufren un proceso de curado mínimo de noventa días antes del envasado.

 

Calidad suprema

“Para elaborar nuestras aceitunas Aloreñas de calidad suprema y denominación de origen –Brabur–, nos abastecemos de olivos procedentes de una finca familiar de 20 fanegas, lo que equivale a unas 13 hectáreas, una modesta cosecha a la que se le unen la de otros pequeños agricultores establecidos en 19 municipios de la provincia, quienes cuidan y miman la aceituna hasta que llegan a nuestra fábrica. La Denominación de Origen reconoce dos calidades distintas de aceitunas establecidas en función de la categoría y el calibre de las mismas. Así podemos hablar de calidad suprema y calidad superior” –nos aclara Toñi, quien además de dirigir la compañía junto a sus hermanas, es la actual presidenta del Consejo Regulador DOP Aceituna Aloreña de Málaga.

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Equipo humano comprometido

Actualmente, en las instalaciones de Bravo, con una superficie total de 25.000 m2 contando la nave y la zona de patio, trabajan unas 22 personas quienes se encuentran altamente formadas y muy comprometidas con la calidad del producto y un servicio muy personalizado. La mayoría de este equipo humano son mujeres –un 70% aproximadamente– y entre ellas hayamos a otras dos hermanas Bravo Burgos: María José, encargada de la producción, y Laura, responsable de calidad, nuevas tecnologías y comercio internacional. Asimismo, Toñi declara que en la compañía también trabajan sus maridos, quienes se encargan de la producción, comercialización y distribución. “Aunque también he de mencionar a nuestra hermana Mari Ángeles, que a pesar de que no trabaja directamente con nosotros también nos ayuda con los temas financieros” –apunta Toñi.  

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Con objeto de dar un servicio cercano y directo, Aceitunas y Encurtidos Bravo dispone de una flota de cuatro camiones de reparto que abastece fundamentalmente a empresas de restauración y hostelería, un sector que ha venido representando el 80% de sus ventas, mientras que el restante 20% ha estado configurado por comercios de alimentación y supermercados, así como la venta en mercadillos. Unos porcentajes que variaron sustancialmente durante el pasado año 2020, con motivo de la pandemia del coronavirus, y que permitió un mayor crecimiento de su canal de venta online, accesible desde su página web, llegando así a satisfacer la demanda del consumidor final. Asimismo, Toñi nos aclara que también fabrican para otras marcas, manteniendo siempre los estándares de calidad que avalan una marca como la que representa.

Variopinto mapa

Tras más de 45 años en el negocio, Aceitunas y encurtidos Bravo se ha convertido en una de las empresas más expandidas de la Costa del Sol. Cuenta con una amplia cartera de clientes, tanto a nivel nacional como internacional y sus productos llegan actualmente a localizaciones tan diversas como Madrid, Barcelona, Asturias y País Vasco, además de traspasar las fronteras de Andorra, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Alemania, Rumanía, Rusia, Canadá, Centro América y República Dominicana, entre otros. A tenor de este variopinto mapa a donde llegan los productos Bravo, le preguntamos a Toñi por los gustos según el origen de los consumidores y nos comenta que evidentemente cambian mucho de una región a otra. “Mientras que en nuestra provincia hay una mayor predilección por la aceituna verde recién cogida y con sabor ligeramente amargo, de Despeñaperros para arriba demandan la aceituna más curtida”.

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‘Soy el Pescailla’ 

En los últimos veinte años, Aceitunas y Encurtidos Bravo ha logrado hacer honor a los principios y valores que procuró promover su fundador y se ha ganado el corazón y el paladar de productores, distribuidores, empresarios y consumidores. Ha fomentado los buenos hábitos de consumo de sus aceitunas y encurtidos, ha organizado catas y excursiones para colegios y particulares, mostrando en hacer más artesanal y natural. Aunque evidentemente han evolucionado e innovando en productos y sabores, la esencia y la tradición que siguen manteniendo, sobre todo en sus aceitunas Aloreñas partidas y aliñadas, les han proporcionado muchos gratos y entrañables momentos. “Sabes lo que se siente al levantar el teléfono y escuchar a alguien decir: ‘soy el Pescailla y he probado vuestras aceitunas, me gustaría que me mandaseis un pedido a casa’. En ese momento piensas, ¿es broma, verdad? Pero, no, no era broma, era el marido de Lola Flores”. 

También nos refiere cuando recibió una carta manuscrita por una señora norteamericana que le pedía su ayuda para recrear una escena de su luna de miel vivida en Málaga, hace ya bastantes años, y que le permitiese celebrar su aniversario de boda de un modo especial. “Para ello, nos enviaba una foto en la que aparecía un bote de nuestras aceitunas y nos solicitaba que pudiéramos ayudarla a cumplir este deseo de volver a revivir uno de los momentos más bonitos de su vida. O, qué decir cuando una señora del norte de España se pasó por nuestra fábrica y nos dijo: ‘me han dicho que no me vaya de aquí sin comprar las aceitunas que probé en la boda de mi nieta’ y resultó ser la abuela de la reina Leticia, porque curiosamente, nuestras Aloreñas de Málaga fueron seleccionadas para formar parte del banquete real del rey Felipe VI y Doña Leticia”. 

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Ferias y expediciones

Un gran mercado que han ido conquistando con paciencia, tesón y responsabilidad y que en muchos casos han contado con el apoyo de organismos e instituciones públicas. Toñi nos explica que cuentan con varios distintivos, entre ellos como producto andaluz, pero además se enorgullece de poseer el sello Sabor a Málaga, la marca promocional de la Diputación provincial, a la que pertenecen desde sus orígenes, estando presentes en las conocidas Mesas del Campo, “las primeras reuniones que la institución mantuvo con agricultores, ganaderos y productores para impulsar la riqueza y el valor existente en nuestras comarcas”. Desde entonces, han procurado estar en las ferias y actividades organizadas por la Delegación de Desarrollo Económico de la Diputación, hecho que les ha generado muchas satisfacciones y muy buenas relaciones comerciales. “De hecho, hemos estado en H&T, Alimentaria, el Salón Gourmet, así como en las ferias locales y la Gran Feria Sabor a Málaga, que se celebra anualmente en el Paseo del Parque. Estuvimos incluso en una representación comercial en Rusia con Sabor a Málaga, una expedición que luego complementamos con un viaje a China organizado por la Cámara de Comercio de Málaga”. 

 

I+D+i y sus Aloreñas con AOVE

Ya con vistas a un futuro cercano, las hermanas Bravo Burgos afirman que su misión principal es “procurar que a nuestros clientes no les falten nunca aceitunas”, –precisa Toñi con una amplia sonrisa-, y además ir renovando, ampliando y modernizando unas instalaciones a las circunstancias que requiere un negocio vivo y activo como el que gestionan, entre ellas una cámara frigorífica de mayor capacidad o una nueva línea de envasado. Unido a ello, seguirán apostando por invertir en I+D+i, brindando de este modo a los consumidores de aceitunas de mesa nuevos productos y sabores realmente singulares, como es el caso de su exclusiva aceituna Aloreña con AOVE”, una de las variedades predilectas de Toñi, “aunque he de especificar que me gustan todas porque no es fácil elegir entre la magnífica gama de la que disponemos, como se suele decir: ¿qué dedo me corto que no me duela? 

 

Tapas, aperitivos… y hasta postres

Llegados a este punto y tras casi una hora de charla, en la que Toñi nos ha abierto las puertas de su casa además de su corazón y una ventana a sus recuerdos, le volvemos a preguntar por el secreto de sus aceitunas partidas y aliñadas, sin embargo, aún se resiste a confesar cuál es ese toque de aliño que da a sus Aloreñas de Málaga ese sabor tan especial que nos deleita y embelesa a la hora del aperitivo o una tapa. Lo que sí nos revela es que son tantas las horas que dedica a su trabajo que cuando pone la mesa para comer, en alguna ocasión ha olvidado sacar un platito de aceitunas, pero eso sí, “siempre hay alguien en casa que lo solventa”. Comidas familiares en las que brillan matices de color, sabor y aromas a especias y que acompañan armoniosamente a platos tan de la tierra como la exquisita Ensalada Malagueña o el auténtico y genuino gazpachuelo. Y es que las aceitunas Aloreñas Bravo han dado incluso un paso al frente entre los postres, siendo uno de los ingredientes de una curiosa y sorprendente receta de bizcocho o una mousse, unas originales propuestas creadas por estudiantes de diversas escuelas de hostelería con los que colaboran.

Y es que hablar de Aceitunas y Encurtidos Bravo y de sus Aloreñas de Málaga con D.O., partidas y aliñadas, va más allá de una marca, un producto y un sabor inconfundibles. Hablar de la familia Bravo Burgos es hablar también de valores como igualdad, educación y respeto, premisas que tanto José Bravo como su esposa Josefa Burgos supieron trasmitir a sus hijas, unas niñas que vivieron desde la cuna el trasiego con la aceituna y que a pesar de los contratiempos, hicieron acopio de la fortaleza y las raíces que un día representaron un folio en blanco, para llevar adelante una empresa con el arrojo y equilibrio que se merece, hecho que les ha propiciado diversos reconocimientos, como el galardón Equilibra, por su apoyo y respeto a la conciliación familiar o el premio Farola, que reconoce la trayectoria de mujeres profesionales de la provincia de Málaga. 

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Las niñas de José Bravo

Toñi siempre muy apegada a su padre, aún recuerda como este defendía a sus cuatro hijas y a quienes insinuaban o dudaban de la capacidad de una mujer para sacar adelante un negocio, a lo que él respondía que no cambiaba a sus niñas por ninguno de los niños más perfectos que hubiera por ahí. “Y es que hasta para eso fue un adelantado a sus tiempos”, sostiene Toñi.

Unos valores que son el ADN Brabur y que estas cuatro hermanas esperan poder transferir a las futuras generaciones, que aunque aún son jóvenes para hacerse cargo de la compañía, ya muestran cierto interés para que el negocio no se pierda. Mientras tanto, la especialidad de Aceitunas Bravo, sus Aloreñas partidas y aliñadas con D.O., siguen siendo el centro de atención de una mesa de amigos que se reencuentran tras muchos meses sin verse; viajan hasta una bodega canadiense para maridar con un vino al que esta aceituna malagueña, intensa y salerosa, le viene como anillo al dedo, y se revela como ese salvavidas infalible que nos saca de un apuro cuando recibimos una visita inesperada en casa. Así que si decides disfrutar de nuestra fantástica gastronomía malagueña en cualquiera de nuestros bares o detectas que en tu despensa falta sabor, Aceitunas y encurtidos Bravo es puro sabor a Málaga. ¡¡¡Y el secreto!!! “El gran amor por lo que hacemos, un cuidado servicio, una atención personalizada y un buen control de calidad”.

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