Singulares vinos caracterizados por un sabor y aroma muy distintivos, fruto de una amplia y extensa tradición vitivinícola.

Cortijo La Fuente es una pequeña bodega familiar ubicada en el término municipal de Mollina, en la comarca de Antequera, que desde hace unos 15 años está dedicada a la elaboración y comercialización de unos singulares vinos caracterizados por un sabor y aroma muy distintivos, fruto de una amplia y extensa tradición vitivinícola. Una producción propia y limitada donde las variedades de uva Moscatel y Pedro Ximénez son las protagonistas de dos de sus vinos estrella: Dulce Delicia nº 12, un naturalmente dulce en el que el dulzor de las uvas pasas “no deja indiferente a nadie” y D.O. Málaga, y su Blanco Afrutado Seco Cortijo la Fuente, con D.O. Sierras de Málaga.

Una bodega de gran solera donde la familia Navarro Ruiz ha ido volcando toda su pasión y conocimiento por el cultivo de la vid y el arte en la elaboración del vino, logrando poner en valor las nobles tierras sobre las que se asientan sus cepas y que tras brotar evidencian selectos frutos, unos granos que se aúnan y transforman en delicados matices que te permiten descubrir la grandeza del terreno en cada botella. Unos genuinos zumos de uva con personalidad propia, distintos, elegantes y de gran calidad que vienen a demostrar que todo lo que se hace con cariño y esfuerzo tiene su recompensa. Unos vinos de extraordinarias cualidades creados por Bodega Cortijo La Fuente que han sido reconocidos en muy diversos certámenes, como el prestigioso Concurso Internacional Bacchus, los Premios Mezquita así como en los numerosos certámenes anuales convocados por la Diputación Provincial de Málaga.

Tercera generación de viticultores

Montse posa junto a su hermano Antonio en la bodega familiar

Parte imprescindible de este proyecto son Montse y Antonio Navarro, hermanos y tercera generación de viticultores, quienes en 2007 se ven obligados a tomar una difícil decisión que, a pesar de los miedos e incertidumbres, cambiaría por completo sus vidas. Montse nos cuenta que su abuelo, fue uno de los pioneros en plantar viñas en Mollina y su padre, Antonio Navarro, recibió la herencia con el mismo espíritu, siendo uno de los fundadores la cooperativa del pueblo y quien ostentaba “el número 2 como socio”. Sin embargo, y a pesar de todo el amor, empeño y trabajo que estos hombres habían dedicado al viñedo, “llegó un momento en el que llevar las uvas a la cooperativa y venderlas a granel había dejado de ser rentable, así que nos topamos con una perentoria disyuntiva, o bien dejar perder las viñas, abandonando las tierras en las que habíamos crecido y por las que habían luchado nuestros progenitores, o bien arriesgarnos a emprender por nuestra cuenta”. Una encrucijada en la que los hermanos Navarro contaron con el crucial y determinante apoyo del marido de Montse, José Antonio, escogiendo, finalmente, la aventura del emprendimiento en el medio rural. “Algo que afrontamos con mucho miedo, porque supuso una gran inversión”, pero en cuyo camino también encontraron el respaldo de los técnicos de los GDR –Grupos de Desarrollo Rural–, teniendo que preparar para ello “muchos papeles–sonríe Montse–, pero si echamos la vista atrás, creo que ha merecido la pena”.

La ventaja

Montse reconoce que tras optar por montar su propia bodega ya contaban con cierta ventaja: “Antonio era enólogo de profesión, teníamos parte de las instalaciones necesarias para llevar a cabo la actividad y yo, como graduada social, podía encargarme de la gestión. Así que ahora solo teníamos que demostrar aquello de lo que nosotros ya estábamos convencidos, que sabíamos hacer vinos de calidad”. Para estos hermanos, las labores del campo tampoco eran ajenas, pues ya “desde chiquillos”, además de jugar y esconderse entre las viñas, ayudaban en el campo según éste demandara: “podando, sarmentando o vendimiando”. En cuanto al nombre, “no cabía duda, solo debíamos poner en valor lo que nos habían legado”, un cortijo familiar construido a finales siglo XIX por sus antepasados y emplazado junto a una antigua fuente de cuatro caños que hizo las funciones de lavadero durante años. Un hogar rodeado de viñas y a la sombra del Torcal de Antequera, un paraje natural en el que estos hermanos crecieron guiados por los enseñanzas de sus padres, Antonio Navarro y Ramona Ruiz, quienes le inculcaron el amor y apego por la tierra, las cosas bien hechas y el respeto y educación hacia los demás.

  El Cortijo familiar  y José Antonio, quien recorre los viñedos comprobando el estado óptimo de las vides

La primera vendimia

“La inversión se realizó poco a poco. Lo primero que adquirimos para ir complementando lo que ya teníamos fueron dos depósitos de 10.000 litros y tras la primera vendimia, que afrontamos en 2008, obtuvimos unos 40.000 litros de mosto, la base para ir creando”. Ya en 2009  vieron la luz sus primeros caldos, dos singulares vinos que a día de hoy siguen siendo dos indispensables de Bodega Cortijo La Fuente: el Dulce Delicia, nº 12, elaborado con uva Moscatel de Alejandría y pasificada al sol, y un Blanco Afrutado Seco, para el cual se emplea la uva Pedro Ximénez, la variedad que ocupa más hectáreas. Unos nobles vinos que fueron comercializados directamente por ellos mismos y el jovial marido de Montse, José Antonio Palomo, a quien los 20 años de profesión como transportista le permitieron asumir con valentía el puesto en la carretera y en el trato con los clientes.

Ya en 2010 y tras la buena aceptación de sus primeras creaciones, la familia Navarro optó por ampliar sus instalaciones con una nave y un sótano en el que dispusieron en torno a medio centenar de barriles para la crianza de sus vinos, una cifra que alcanzó las 180 botas en 2015 y que pasó de albergar de tan solo dos tipos de vinos a ocho excelsos caldos. “Siempre hemos ido dando muy pequeños pasos, pero con vistas a mejorar y crecer”–sostiene Montse. Un talante que les ha permitido, durante todo este tiempo, posicionarse como una de las mejores bodegas de la provincia.

 

Terrenos calizos y arenosos

Hoy día, Bodega Cortijo La Fuente cuenta con 15 hectáreas de viñedo en las que existe una densidad de plantación de 1.990 cepas por hectárea, se trabaja en un sistema de agricultura integrada, el marco de plantación es en líneas y la formación en espaldera. En estas tierras, que se encuentran en una alti-planicie a 480 metros de altitud, sobre terrenos calizos y arenosos, se cultivan cinco variedades de uvas: Moscatel de grano menudo (o Morisco), Moscatel de Alejandría y Pedro Ximénez, – cuyas cepas tienen una edad comprendida entre los 40 y 30 años y cuyos frutos están destinados a la elaboración de sus vinos blancos, los cuales representan el 80% de su producción–, y las variedades Cavernet Sauvignon y Syrah, reservadas para crear sus majestuosos vinos tintos y las tipologías seleccionadas por los hermanos Navarro, quienes tras realizar diferentes ensayos, vieron en ellas “la combinación perfecta”.

Esta bodega familiar alcanza una producción media anual de unos 120.000 litros, la cual es en “parte embotellada, otra vendida a granel (en este caso solo los blancos), mientras que la mayor parte pasa a envejecimiento”. Disponen de una nave de 250 m2 para la elaboración propia de todos sus vinos y un sótano de 300 m2 en el que actualmente se disponen más de 250 barriles de madera, un espacio en el que también se halla el laboratorio y la zona de embotellado.

Elegante proceso

La clave de estos caldos radica en la máxima consagración, celo y diligencia que esta familia profesa tanto a sus viñas como a la elaboración de sus caldos. Un delicado y elegante proceso en el que son ayudados en el campo por un empleado fijo, en quien depositan su confianza, y que en época de vendimia se amplía con la mano de obra de hasta una decena de trabajadores. La vendimia en Cortijo La Fuente es una labor que aún se ejecuta de forma manual y de un modo progresivo, recolectando las variedades según la maduración, procurando en todo momento que los frutos lleguen en las condiciones más óptimas, siendo la variedad Moscatel de grano menudo la primera que vendimian y coincidiendo normalmente con los primeros días de agosto. “Y es que realmente el proceder no ha variado mucho en todos estos años”, – expone Montse.

“El transporte desde los viñedos hasta la bodega se realiza en un remolque tolva especial, impidiendo posibles oxidaciones producidas por las roturas de las bayas”. Una vez superados estos hitos claves, son la paciencia y observación, así como el control de los caldos, los otros factores que hacen posible que estos vinos brillen con un emboque y bouquet únicos, conquistando no solo a los malagueños sino también el paladar de madrileños y vascos, además de incidir sobre el mercado internacional, en el que daneses e italianos son los principales consumidores.

Con respecto a la comercialización, es José Antonio –el marido de Montse– el que lleva directamente la mayor parte de las ventas, aunque también “trabajamos con algunos distribuidores de la zona” –suscriben. El 80% de sus clientes se encuentran localizados en la provincia, concretamente dentro del sector de la restauración y la hostelería, mientras que el 20% restante llega a grandes cadenas de hipermercados y tiendas de vinos especializadas. Unos porcentajes que hicieron mella en las ventas de la bodega durante el pasado 2020, a causa de la pandemia del coronavirus.

Entre dulces y blancos secos

Según nos refiere Montse, su Blanco Afrutado Seco, sigue siendo uno de los productos más demandados, “un vino joven que se va adaptando a los tiempos”, y que se muestra agradable en boca, fresco, seco, suave y sutil. Sin embargo, es el Don Pepe de Cortijo La Fuente, otro de sus blancos más originales y ricos el que más ha crecido en los últimos años. Un seco con crianza y D.O. Málaga en el que juega un papel clave su envejecimiento por el sistema de soleras y criaderas, con un mínimo de seis años.  Este blanco, “en boca se muestra muy seco, fresco y sabroso, posee notas salinas, equilibrado y de final largo donde vuelven a aparecer las almendras recién tostadas”.

Entre sus vinos dulces destacan, además del citado Dulce Delicia nº 12, –“la joya de la bodega” y para cuya elaboración Montse nos indica que son necesarios cinco kilos de pasas para obtener una sola botella de 37,5 cl– otros caldos como Montes Solera, con D.O. Sierras de Málaga y producido con uvas Moscatel de Grano Menudo y Pedro Ximénez; el Gran Solera, con D.O. Málaga, con uvas Moscatel de Alejandría y envejecido en botas de roble por el sistema de soleras y criaderas, y el Pedro Ximénez Solera, un dulce licoroso tradicional de Málaga, con D.O. Sierras de Málaga que se muestra “en boca sedoso, suave, amplio con notas de cacao y retronasal con recuerdos melosos, persistente”.

Rojo intenso y rojo rubí

Mientras tanto, sus tintos elaborados con un coupage de las variedades Cavernet Sauvignon y Syrah con denominación de origen Sierras de Málaga y de producción limitada, van cogiendo cada vez más protagonismo. Su Tinto Crianza, expresa el sosiego, trasiego y madurez de doce meses en barril y otros doce meses de reposo en botella. “Es, a la vista, de rojo intenso con ribetes granates-violáceos, de aroma a frutas rojas y negras,  como la frambuesa, la zarzamora y la grosella, con notas florales a lila y violetas, maderas de cedro, especias como el clavo y la vainilla y toques balsámico a menta fresca y regaliz. Unas cualidades que en boca se revelan en un sabor lleno, amplio, carnoso de taninos dulces con un delicado final de chocolate amargo”.

Por su parte, el Tinto Roble de Cortijo La Fuente, con siete meses en barrica y tres en botella es un vino con un color rojo rubí, vivo y luminoso, la perfecta armonía estructural entre la acidez (frescura), el cuerpo (la sedosidad), los aromas (complejidad y persistencia), la estructura (taninos y materias colorantes). En definitiva, “un vino esbelto, elegante, rico, sustancioso, suave y que aporta al consumidor una placentera sensación de redondez y plenitud”.  Con cuerpo, taninos dulces y en el que vuelve a salir la fruta fresca del bosque, ofreciendo un sabor muy equilibrado, sustancioso y persistente.

Un vermú de Oro

El vermú Cortijo La Fuente es la última apuesta de esta bodega, un vino blanco elaborado con uva Pedro Ximénez y dos años de envejecimiento en barricas de roble americano. Una bebida aromatizada con distintas hierbas y especias, e ideal como aperitivo, que se presentó al mercado en 2019 con una reducida producción de 3.000 litros y que un año después obtuvo una medalla de Oro en el Concurso Internacional de Vinos Bacchus.  “Un premio que recibimos el 16 de marzo de 2020, dos días después de que fuese declarado el estado de alarma con motivo de la crisis sanitaria del COVID-19 y el consiguiente confinamiento, una dulce noticia que recibimos con una relativa alegría”, –sentencia Montse ante la impotencia que sintieron por no poder disfrutar plenamente de este reconocimiento.

Premiados

“Siempre hemos creído en lo que hacemos y en su gran calidad, por ello, desde nuestros comienzos hemos procurado presentarnos a los certámenes más relevantes de nuestro sector”, – asevera Montse. Uno de estos insignes concursos es el que organiza anualmente la Diputación de Málaga, a través de su marca promocional Sabor a Málaga, y en el que se reconoce a los mejores caldos de la provincia con Denominación de Origen Málaga y Sierras de Málaga, donde los diversos vinos elaborados por Bodega Cortijo La Fuente han sido reconocidos hasta en seis ocasiones. Curiosamente, durante la primera edición de este concurso, el Afrutado Seco de los hermanos Navarro se alzó con un primer premio en la categoría de vino blanco D.O.P. Sierras de Málaga, el mismo que destacó entre los premiados de la séptima edición de este certamen celebrada en julio de 2020. Un galardón que fue entregado durante la celebración del Gran Mercado Sabor a Málaga del pasado mes de diciembre y que recibieron los hijos de Montse, Cristina y Germán Palomo, en representación de sus padres y toda la familia. “Aunque también nuestros dulces y tintos han sido premiados a lo largo de las diferentes ediciones”, –apunta Montse. A estos reconocimientos hay que sumar otras dos medallas de oro obtenidas durante la XXIV edición de los Premios Mezquita de Córdoba 2018, y en los que la Bodega Cortijo La Fuente ratificó la esencia de dos de sus sublimes caldos: Don Pepe y Dulce Delicia nº 12.

Germán y Cristina recibiendo el premio al mejor vino blanco D.O.P. Sierra de Málaga durante la Feria Sabor a Málaga 2018

La magia del enoturismo

Otro de los aspectos más destacables de Bodega Cortijo La Fuente es su oferta relacionada con el enoturismo, una propuesta cultural, gastronómica y de ocio que permite a los visitantes –normalmente organizados en grupos de entre 30 y 40 personas– conocer su viñedo. Montse afirma que el hecho de que su cortijo se encuentre a pie de carretera facilita su localización, partiendo de ahí la visita guiada por la finca, durante la cual explican su tradición y proceder en el cultivo de la vid. Una visita que desemboca en la bodega, donde los hermanos Navarro detallan la particular fermentación de las uvas, así como los procesos y trasiegos necesarios para elaborar los distintos vinos, manifestándose –como por arte de magia– en unos exquisitos caldos que esperan en su botas el momento preciso para ser embotellados y servidos.

Una meticulosa y dilatada labor que culmina, “como debe ser”, en las degustaciones y catas,  y en las cuales, los vinos de Cortijo La Fuente son  maridados junto con los productos de cercanía y referentes singulares de nuestra cultura culinaria, como el salchichón de Málaga, el queso de cabra malagueña o los embutidos de la zona, permitiendo conquistar el paladar de los visitantes y turistas –“en su mayoría procedentes de países nórdicos y defensores del turismo activo”– quienes se deleitan de la singular belleza y riqueza que predomina en esta tierra, y a los que también hay que mostrar los platos típicos de Mollina, como las migas y porrillas calientes, el gazpacho, la porra o las gachas de mosto, “que siempre acompañaremos del mejor vino Cortijo La Fuente”. Una experiencia que como nos señala Montse es posible realizar en cualquier época del año, a excepción de la temporada de vendimia –comprendida entre mediados de agosto hasta finales de octubre – debido a la ajetreada labor que se concentra en esos meses, “tanto en el campo como en las instalaciones”.

Sabor a Málaga: una oportunidad para darse a conocer

Adheridos a la marca Sabor a Málaga desde abril de 2016, Montse asevera que Bodega Cortijo La Fuente ha tenido la oportunidad de crecer y darse a conocer más rápidamente gracias al impulso que este sello creado por la Diputación les ha prestado desde sus inicios. “Hemos podido participar en muchas ferias comarcales, en La Gran Feria, que cada año se celebra en la capital malagueña, así como otras citas de relevancia nacional como el Salón Gourmet o Alimentaria, unos escenarios a los que no habríamos conseguido llegar con nuestros propios recursos y que nos han abierto nuevos mercados y clientes. La mayoría de las veces no es cuestión de inmediatez, es cuestión de hacer contactos, de intentar que los visitantes prueben tu producto y te conozcan, y cada pequeña acción, te va abriendo puertas, a veces cuando menos te lo esperas”.

“Complementarios”

Con vistas a una nueva campaña, Bodega Cortijo La Fuente espera dejar atrás las restricciones de movilidad y los cierres en la hostelería y enfoca sus objetivos en seguir brindando unos vinos de máxima calidad, poder posicionar su vermú, abrir otros mercados internacionales como el alemán e incluso poder ampliar sus viñedos, uno de sus más firmes cometidos a medio plazo. Montse declara que si no hubiera sido por la crisis sanitaria, tenían unas expectativas de crecimiento muy halagüeñas e incluso tenían la intención de ampliar la plantilla de trabajadores, “siendo el empleo algo fundamental para las zonas rurales”. Asimismo, y con el propósito de mejorar la comunicación con sus clientes y potenciar sus canales de venta, desde hace unos meses están dinamizando su actividad en redes sociales y ultimando los detalles para implantar su nueva tienda online, “dos factores esenciales en estos nuevos tiempos que corren, pero he de matizar que no son sustitutivos de la relación y el trato más personal, pero sí absolutamente complementarios”.

Dedicación, artesanía, cuidado y mimo, y es que no hallamos mejores palabras para definir e ilustrar la esencia de esta familia de viticultores, y cuya naturaleza e historia esperan perpetuar en generaciones venideras. Aunque los tres hijos de Montse ya han trazado sus propios caminos, el mayor (26) dentro de la ingeniería mecánica; el mediano (21), estudiando enología y la menor (18), como estudiante de EADE, “quizá el tiempo” y el indiscutible apego a la tierra les dirija a hacerse cargo de este bello proyecto familiar, convirtiéndose en la nueva savia de Bodega Cortijo La fuente.

Reescribir la historia

Montse visita junto a sus padres, Antonio Navarro y  Ramona Ruiz, El Torcal de Antequera

Sin embargo, y aunque mirando siempre estemos mirando al futuro, también es preciso echar la vista atrás, a los orígenes, donde la constancia y el amor por las viñas han sido los motores que han impulsado a estas tres generaciones. Aunque Montse y Antonio han sido quienes han logrado materializar uno de los sueños de sus padres, es preciso honrar a quienes han entregado toda su vida a la tierra y su cultivo, y eso es lo que José Antonio Palomo, el marido de Montse, con la inestimable colaboración de la Sociedad Cooperativa Andaluza Agraria Virgen de la Oliva y el alcalde de Mollina, trataron de reflejar el pasado 2018, durante las tradicionales fiestas de la vendimia que se celebran cada año el segundo mes de septiembre, concediendo un meritorio reconocimiento a Antonio Navarro y  Ramona Ruiz, quienes a sus 88 y 85 años, respectivamente, vivieron, visiblemente emocionados, el agradecimiento de todo su pueblo. “Un merecido tributo en el que se resaltó la grandeza de sus valores y su labor”, –confiesa Montse con la sensibilidad a flor de piel. Momentos únicos para recordar y disfrutar en la mejor compañía y que nos demuestran que a pesar de las vicisitudes siempre hay que “implicarse y perseverar” para hallar nuevas salidas, siendo los campos y los pueblos de nuestra provincia un magnífico entorno donde volver a reescribir la historia.

El mejor Sabor de Málaga se descubre en una botella

Con esta visión hacia “adelante”, un punto y aparte, “sin olvidar nuestro ayer”, Montse Navarro nos sugiere celebrar cada ocasión que se precie, como este fortuito encuentro, por ello, esta emprendedora mujer se decanta por hacerlo sirviéndonos una copa de sus más noveles creaciones, su vermú Cortijo La Fuente, al que añade un terrón de hielo y una rodajita de naranja, mientras que con el brío y jovialidad que le caracteriza, dispone en la mesa un pequeño aperitivo con piquitos, aceitunas y almendras, “todo con mucho Sabor a Málaga”.

Para su hermano Antonio es imprescindible que en la mesa esté presente uno de sus “primogénitos”, su genuino Blanco Afrutado Seco, con D.O. Sierras de Málaga, porque como bien alega “por su suavidad y sutiliza, siempre es un acierto”. Mientras que José Antonio se acerca portando un Don Pepe de Cortijo La fuente, “una maravilla por descubrir”, un vino malagueño de crianza bilógica y más de seis años de solera que se cría bajo velo de flor, “agradable de paladar e ideal tanto para un buen plato de jamón como para nuestro singular gazpachuelo malagueño”. Brindemos pues, por este y muchos otros momentos, que vienen a refrendar que el mejor Sabor de Málaga también se revela en una botella, eso sí, en esta ocasión en una botella de Bodega Cortijo La Fuente.

 

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