Bodega Fontalba & Capote, también conocida como ‘El Niño de la Salina’ o ‘Andresito’, es una pequeña empresa familiar ubicada en el término municipal de Almargen –en la comarca del Guadalteba–  y fundada en 2002 por dos hermanos, Andrés y Francisco Fontalba, a quienes el arraigo a sus orígenes, a la tierra y a una promesa hecha a su padre les impulsa a emprender un proyecto en el que funden cuerpo y alma, cosechado, elaborado y embotellado unos distintivos vinos que han logrado alzarse con decenas de prestigiosos premios y conquistando significativas plazas internacionales en Francia e Inglaterra. Un merecido reconocimiento que se aprecia en cada uno de sus magníficos caldos con denominaciones de origen Málaga y Sierras de Málaga – todo ellos ecológicos–, y entre los que podemos destacar sus aclamados Andresito Tinto Joven y Crianza, así como su Andresito Moscatel –obtenido a partir de uva Moscatel Morisco de grano menudo–, o sus blancos y rosados Fontalba & Capote, dos “estilos” diferentes pero con cualidades y sensaciones gratamente sorprendentes.

‘El Niño de la Salina’ 

 “Este lagar y nuestros primeros vinos nacen de la promesa que mi hermano y yo hicimos a mi padre –nos relata Andrés Fontalba, quien a sus 72 años nos abre las puertas de su bodega y de su corazón para rememorar los motivos y sentimientos que originaron tan bellas palabras y tan magnánimo cometido. Nos cuenta que, aunque su familia paterna era natural de Cañete La Real, sus bisabuelos se trasladaron a Teba en busca de tierras que labrar y con las que poder alimentar a sus hijos y que estando entonces trabajando en el Cortijo Salinas nació su abuelo, siendo apodado ‘El Niño de la Salina’. 

“Más tarde fue mi padre, al que llamaban ‘Andresito’, el que heredó tan cariñoso apelativo, un seudónimo que le acompañó incluso cuando se asentó en Almargen, tras casarse con mi madre”. Es allí donde ‘Andresito’ –‘El Niño de la Salina’– se encomienda con ahínco y esmero a sus labores como campesino, marcadas por una difícil coyuntura social y económica con notoria escasez de recursos. Aun así, ‘Andresito’ consigue elaborar de forma rudimentaria y artesanal sus propios vinos, destinándolos al consumo familiar y convirtiendo ese arte y afición en una tradición anual, mientras albergaba en su interior la ilusión de montar su propia bodega. 

Un futuro mejor

Sin embargo, ‘Andresito’, aunque agricultor desde la cuna, siempre quiso que sus hijos tuvieran un futuro mejor y con esa idea en mente “nos alentó a los tres hermanos para que estudiásemos en unos tiempos en los que cualquier ayuda en el campo era imprescindible para poner un plato de comida en la mesa. A pesar de las muchas críticas y comentarios que escuchó de sus convecinos, nos mandó a mi hermano y a mí a estudiar a Málaga, a la entonces llamada Escuela Franco, hoy día IES La Rosaleda, eso sí, amparados por becas”. Andrés encaminó sus estudios como soldador chapista, le siguieron los de maestría en construcciones metálicas y mientras ya compaginaba estudios y todo tipo de trabajos eventuales, se sacó el título de ATS (Asistente Técnico Sanitario) y de Fisioterapia, matriculándose más tarde en la facultad de Medicina, donde también estuve yendo a clases con mi mujer, Monserrat Navas que además de ATS y Fisioterapeuta, también era matrona –nos explica–, mientras que mi hermano se decantó por la rama industrial y electrónica y pronto encontró trabajo como telefonista en la antigua Telefónica. He de matizar que mis padres también le brindaron a mi hermana la oportunidad de formase en Málaga, pero ella prefirió establecer su propio negocio de peluquería, el cual sigue gestionando a día de hoy”. 

La promesa

Trabajo, disciplina y estudio fueron las máximas que ‘Andresito’ inculcó a sus hijos y, consciente del esfuerzo añadido, hizo lo imposible para mantenerlos en esa senda. “Pero pocos años después de que iniciásemos nuestros estudios –nos detalla Andrés–sería sobre 1952 o 1953 y tras una difícil posguerra, mi padre se vio obligado a vender las tierras para sacar adelante a su familia, dejando aparcado su gran proyecto. “Es por este motivo, y siendo conocedores del sacrificio de nuestros padres, por el que mi hermano y yo le prometemos a mi padre el hacer realidad su sueño. 

Perseverancia y entusiasmo 

En 1986, unidos por un sentimiento de apego a su pueblo y a la tierra, los hermanos Andrés y Francisco Fontalba constituyen una comunidad de bienes, desarrollando tres actividades principales, la agrícola, la producción de semillas y la vinícola. Y es en 2002 cuando finalmente consiguen implantar en Almargen la bodega tan deseada por su padre, adoptando el apodo de ‘El Niño de la Salina’, entre cuyos objetivos se estableció la verticalización del producto, “de la tierra a la mesa”, surgiendo entonces las primeras producciones de un exclusivo tinto joven denominado ‘Andresito’, nombre que recibe en honor de su padre.

Para llevar a cabo tan loable hazaña, Andrés y Francisco se asesoraron y formaron a conciencia y el desarrollo de la empresa les supuso conocer a fondo los productos de su comarca y la calidad de éstos, configurando unas instalaciones bien equipadas tecnológicamente, asegurando con ello un perfecto control de calidad en cada uno de sus procesos y explorando asimismo los canales adecuados para potenciar sus vinos tanto en el ámbito nacional como internacional. Un moderno y atrevido proyecto bien cimentado que ha generado numerosos empleos en la zona, dinamizado la economía local y logrando no sólo hacer realidad un sueño, sino ser ejemplo de perseverancia y entusiasmo.

Calidad y pureza

Actualmente y tras casi dos décadas de andadura, la Bodega Fontalba & Capote elabora y envasa una docena de singulares vinos: blancos, rosados y tintos, amparados por el Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen Málaga y Sierras de Málaga, estando todos ellos certificados en ecológico por el CAAE (entidad de certificación especializada en Producción Ecológica) desde 2010, garantizando así la calidad y pureza de cada uno de sus caldos.

En las once hectáreas que poseen entre Almargen, un profesional e involucrado equipo humano, cuida la bodega y los viñedos con la paciencia y el cariño que merecen, y cada campaña de verano, en la que trabajan hasta 20 personas, acometen la vendimia con especial ilusión. Todo se cosecha a mano, “empezamos normalmente a mediados del mes de septiembre, teniendo en cuenta siempre la maduración de la uva, y se transporta en cajas para mantener todas las propiedades de la uva”. Entre sus intensos y verdes pámpanos lucen espléndidos racimos de las variedades Sauvignon Blanc, Moscatel Morisco -de grano menudo-, Pedro Ximénez y Doradilla –específicamente empleadas en la elaboración de vinos blancos y dulces–, así como Tempranillo, Shyrac, Cabernet Sauvignon, Garnacha, Merlot y Graciano, “ideales para crear extraordinarios tintos”, añade Andrés. La producción anual, “pues depende, cada año es diferente, pero nuestra razón de ser es la calidad, no la cantidad”.

Estas excelentes uvas se conjugan para crear tres distintivas marcas: Andresito, Al Fresco y Fontalba & Capote que son comercializadas directamente en la pequeña tienda que  poseen en el mismo lagar o bien a través de una amplia red de distribuidores, cubriendo fundamentalmente la demanda del profesional de la hostelería y la restauración, tanto a nivel nacional como internacional. Andrés precisa que Andalucía, Madrid, Cataluña y País Vasco son las regiones donde tienen mayor número de pedidos, mientras que en Europa despuntan países como Francia e Inglaterra.

Andresito

A la hora de echar un vistazo por el catálogo de sus gentiles caldos, nos focalizamos en su primigenia marca, Andresito, la cual nos brinda una peculiar gama de colores, sabores, aromas y matices que distinguen y enaltecen las cualidades de cada uno de sus más nobles vinos, desde su Andresito Blanco Sauvignon Blanc, pasando por sus dos caldos dulces, –Andresito Moscatel Dulce y Moscatel Seco, “donde la adecuada pasificación de la uva le otorga un toque especial, siendo un caldo idóneo para combinar con platos de pescados o mariscos”–, hasta llegar a su Rosado, elaborado con uva Merlot, que potenciará el gusto de un espectacular Tartar de Salchichón de Málaga. 

Le siguen unos espléndidos tintos donde tanto su Andresito Tinto Joven – “apropiado para acompañar arroces, carnes e incluso moluscos y pescados”– como su Crianza brillan con luz propia. Con un color rojo rubí, su Andresito Crianza profiere una huella olfativa y gustativa sublimes, fruto de un envejecimiento de doce meses en barrica de roble americano nueva y otros doce en botella, unas cualidades que le ha valido diversas distinciones, entre ellas, una Medalla de Plata en el Concurso de Bruselas 2017 por la añada de 2014.

Además, desde 2018 disponen también de un vermú elaborado con uva Pedro Ximénez y una veintena de botánicos distintos, con los que se macera durante dos meses, obteniendo así un sorprendente licor en el que nos llama la atención su radiante y nítido color ambarino. Una deliciosa bebida que marida a la perfección con “distintos tipos de quesos, frutos secos, tartas de chocolate e incluso con conservas en lata, como mejillones o berberechos” –apunta Andrés.

Al Fresco y Fontalba & Capote 

Al Fresco es otra de las marcas de la casa que se presenta con tres eminentes vinos: un vino Blanco Seco elaborado con uva de la variedad Sauvignon Blanc; un Tinto naturalmente dulce, con uva de la variedad Syrah, y su Rosado Seco a partir de uva Garnacha y realizado por maceración prefermentativa a una temperatura inferior a 10ºC, y fermentada a baja temperatura, manteniendo así intactas todas las propiedades de la uva.

Por su parte, la línea Fontalba & Capote nos invita a descubrir otro trío de especialidades: un Blanco Seco elaborado a partir de un coupage de variedades típicas de Málaga, como son la Moscatel Morisco, Moscatel de Alejandría, Pedro Ximénez y Doradilla; un Rosado Seco obtenido con la variedad Cabernet Sauvignon, y su elegante Tinto Seco Roble, consumado con las variedades Tempranillo, Merlot, Syrah y Graciano.

Aunque los gustos en cada región son singulares y cada persona, particular, todos los vinos de la Bodega Fontalba & Capote tienen éxito por igual. Ante ello, su propietario asegura no tener un producto estrella, “todos son realmente estrellas”. “Por ejemplo, en nuestra zona tiene una gran aceptación el vermú, en cambio, en el conjunto de España los tintos suelen ser bastante más demandados, mientras que en Francia e Inglaterra “nuestros vinos dulces causan furor”.

Distinciones… mejor en compañía

Para esta familia de amantes de la vitivinicultura y de portentosos vinos, los concursos, catas y premios han marcado igualmente parte de su trayectoria. Pero como nos señala Andrés, aunque siempre buscan la excelencia, “cuando el mejor enólogo que existe, Paco Medina, –puntualiza con ahínco– nos alienta a competir, ya sabemos que conseguiremos alguna recompensa”. De hecho, hasta la fecha han obtenido más de una docena de condecoraciones, medallas de oro y plata fundamentalmente en diversos encuentros celebrados en Marbella, Benahavís, Córdoba, Bruselas y Toulouse. 

“Pero estas distinciones saben mucho mejor en compañía de Paco –alude Andrés refiriéndose a su hermano Francisco, quien desgraciadamente falleció hace cuatro años–, dejándonos un gran vacío. Mi hermano Paco era el alma de la empresa, la alegría personificada, siempre vivaz y atento. Además de un gran profesional, fue un magnífico relaciones públicas –sonríe ampliamente Andrés al describírnoslo. “Todas las actividades que realizábamos en la bodega, como visitas guiadas, catas y maridajes se convertían siempre en una fiesta, y cualquier evento lo hacía único e irrepetible. De hecho, en numerosas ocasiones solía acompañarnos también nuestro buen amigo, además de magnífico pintor y escultor, Antonio Gracia Pérez, aportando su visión plástica de la realidad de cada momento. Entre ambos conseguían crear una atmósfera especial, arrancando incluso las más melodiosas y sentidas notas a nuestra guitarra española”, rememora con nostalgia Andrés Fontalba.

Dinamizadores

Mirando ya hacia el futuro, Andrés nos comenta que, tras un año realmente difícil como consecuencia del coronavirus, –“vivido muy de cerca no solo porque mi mujer y yo somos sanitarios, sino porque además nuestros tres hijos son médicos”– esperan seguir trabajando en los objetivos empresariales marcados antes de la citada pandemia, estando dichos objetivos centralizados, fundamentalmente, en retomar la actividad relacionada con el enoturismo, “un gran dinamizador de la economía local y provincial” –sostiene Andrés–, la cercana comunicación a través de sus perfiles sociales y la apertura de nuevos canales de venta en Europa y EE.UU.

Y es que localizar a estratégicos distribuidores que lleguen a potenciales mercados donde comercializar sus vinos es un factor clave y esencial para seguir proyectando su empresa. Por ello, la marca promocional de la Diputación provincial, Sabor a Málaga, a la que pertenecen desde diciembre de 2015, les ha permitido asistir, desde sus comienzos, a numerosas ferias y encuentros, tanto comarcales y locales –destacando la Gran Feria Sabor a Málaga– como nacionales, traduciéndose siempre en “una oportunidad para lograr un nuevo cliente y abriendo mercados muy atractivos”.

Cultura, tradición y paladar

La elaboración del vino ha formado parte de la cultura e idiosincrasia de nuestros pueblos malagueños desde hace unos 3.000 años, momento en el que los fenicios llegaron a nuestras costas portando no solo los caldos provenientes del Mediterráneo, sino también las plantas y conocimientos necesarios para el cultivo de la vid y su transformación. Desde entonces, las viñas y parras han dibujado nuestros paisajes y sus sabrosos frutos han tenido un lugar muy especial en nuestras mesas, aportándonos sensaciones visuales, gustativas y olfativas capaces de conquistar los paladares más heterogéneos que se enaltecen en un buen maridaje.

Por ello, en la bodega ‘El Niño de la Salina’ o Fontalba & Capote, cuando hablan de sus vinos piensan irremediablemente en la gastronomía y en nuestra rica cultura culinaria. De hecho, Andrés asegura que cuando han realizado sus actividades de maridaje han procurado asesorarse siempre por grandes cocineros de la provincia, creado experiencias e impresiones nuevas y singulares. Y es que el buen vino anima al buen yantar, “y yo he de reconocer que tengo buen saque” –matiza. Así que empezaremos tomando el aperitivo con un aromático y refrescante vermú, “a su temperatura ideal, unos 10º, realzando con él cualquiera de los magníficos quesos de cabra u oveja de los que se elaboran en nuestra tierra. Aunque tampoco hay que menospreciar un buen jamón, como los que nos brinda nuestra vecina comarca rondeña”. En definitiva, mucho Sabor a Málaga.

Una vez que hemos abierto boca, el primer plato viene de la mano de un sabroso pescado a la sal o unas apetitosas gambas, para los cuales la uva Sauvignon Blanc, Merlot, Garnacha, Doradilla y Cabernet Sauvignon, “te irán seduciendo a su manera”. Sorbo y bocado penetrantes que demuestran la esencia de unos excelentes caldos blancos y rosados, decantándonos, en esta ocasión, por su Blanco Seco Moscatel, espectacular con un crujiente de pimientos asados y vinagreta de dátiles. 

Continuaremos con un tinto joven, con uva Merlot y Cabernet Sauvignon, que se presenta ideal en un canapé de morcilla frita con queso de cabra y cebolla caramelizada. O bien un apetitoso plato de pasta o una buena caza, para los cuales “nuestro tinto Crianza Andresito” se hace imprescindible y absolutamente infalible. Y para poner la guinda al pastel, que mejor que un sublime postre, “que los hay irresistibles y dignos de pecado” –confiesa con sonrojo Andrés– y que acompañados por su Andresito Pedro Ximénez ponen el broche final a tan esmerada mesa y tan fastuosa compañía.

Espíritu joven, Ideales antiguos

Y es que Andresito, Al Fresco y Fontalba & Capote son sencillamente el reflejo de unos valores fuertemente asentados: trabajo, responsabilidad y honradez. Unos caldos que vienen a expresar ese ofrecimiento solemne hecho a un padre, ‘Andresito’, hijo de El Niño de la Salina, “y que pudo ver cumplido su sueño”. Un punto de partida que sirve para llevar a cabo un cometido con la firme determinación de cumplir y que se simplifica brillantemente en su lema Espíritu joven, Ideales antiguos. Vinos llenos de sensaciones, de aromas y de pasión. Unos vinos ecológicos con denominación de origen Málaga y Sierras de Málaga para decir “Sí, quiero”.

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