Kieninger es una pequeña bodega familiar emplazada en el municipio malagueño de Ronda que desde el año 2000 está especializada en la elaboración de vinos ecológicos mediante un proceso totalmente natural y artesanal

viñas Kieninger

Kieninger es una pequeña bodega familiar emplazada en el municipio malagueño de Ronda que desde el año 2000 está especializada en la elaboración de vinos ecológicos mediante un proceso totalmente natural y artesanal, y en los que sus variedades de uvas, entre las que destacan las de origen austriaco, francés y como no, españolas, les han permitido crear unos excelsos vinos tintos, rosado y blanco que anualmente conquistan miles de paladares de todo el mundo, siendo sus tintos crianza con DO Sierras de Málaga Vinana,  Maxx  y el joven Ezequiel algunos de sus productos estrella.

Bodegón

En este entorno tan excepcional como es la Serranía de Ronda, los viñedos que se alinean junto a la bodega Kieninger son “cuidados con paciencia y esmero, apego a la tierra y puro corazón y sentido hacia la sostenibilidad”, tal y como nos relata la mujer de Martin y guía de esta bodega, Araceli Guerrero. Y es que estas cualidades se transforman en unos vinos con Denominación de Origen Sierras de Málaga realmente únicos y cuyos matices y emboque les han permitido alzarse con diferentes premios, llegando incluso a ganarse la confianza y beneplácito del chef Benito Gómez, quien ha incorporado a la carta de su restaurante Bardal los tintos reserva el Pinot Noir el Blaufraenkisch y también el rosado de Kieninger, Rosara, “un vino con nombre de mujer” y un maridaje perfecto a la altura de la magistral oferta gastronómica de este Estrella Michelin.

Rosara-2

El fruto del tiempo y las cosas bien hechas

El impulsor de este proyecto es Martin Kieninger, un arquitecto austriaco oriundo de la ciudad de Ried, que en 1998 llega a tierras rondeñas buscando un lugar donde conciliar profesión, familia y amor por la naturaleza. “No era un reto fácil” –alega Martin–, quien atraído por el suave clima de la Costa afirma que echaba en falta la tranquilidad y el aire fresco de la montaña. Con ese deseo de hallar un equilibrio entre ambos ambientes, Martin se dejó asesorar por sus conocidos y casualmente un día, su amigo Friedrich lo llevó a conocer el partido rural de Los Frontones en Ronda. Fue allí, a 750 metros de altitud, donde Martin sintió algo especial. Observó entonces que había una finca a la venta llamada La Huerta Corchero “un lugar realmente perfecto” donde la familia Kieninger decidió dar un giro radical a sus vidas.

Casa y viñedo Kieninger

Martin Kieninger

Martin jugando en el campo de sus tíos. Foto del álbum familiar.

Martin continuó desarrollando su profesión y enseguida abrió un despacho de arquitectura sostenible en Ronda. Pero su pasión por la agricultura ecológica, cuyos conocimientos adquirió gracias a las temporadas que pasaba en la granja de sus abuelos durante su niñez y juventud, le guio para iniciarse en el atractivo hobby de la viticultura.

Martin Kieninger

Martin junto a su hermana Bárbara, en el campo familiar

Martin Kieninger campo familiar

Martin pasa un día en el campo de sus tíos y su perra Bella.

Una afición que le llevó a realizar sus primeras pruebas y trasiegos en el garaje de casa y que pronto se convertiría en un medio alternativo para ganarse la vida.

Las primeras cepas

Fue en el año 2000 cuando Martin junto a su entonces mujer Ana ­–médica homeópata nacida en Granada– decidieron destinar una hectárea de la finca a plantar 4.000 cepas, siendo las variedades de uva austriacas Blaufraenkisch y Zweigelt las elegidas para ser introducidas de forma predominante en el terruño serrano. Le siguieron las modalidades andaluzas Tintilla de Rota y Garnacha Tinta, además de otras conocidas modalidades francesas como la Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Pinot Noir, permitiendo dotar a la plantación, sita  en la falda de la Sierra de las Cumbres, una diversidad tan atractiva como interesante y donde el máximo respeto por el entorno, con un sentir eminentemente ecológico desde el origen, se implantaron de un modo tan natural como esencial. Unos valores y cualidades que se fueron propagando rápidamente y que se paladean en cada sorbo y en cada uno de los vinos concebidos por Kieninger.

“El verdadero cambio surge finalmente en 2007” –nos precisan Araceli y Martin–, cuando la escasez de trabajo detectada en el despacho de Martin, consecuencia de la crisis económica que acuciaba a todo el país, sirvió de detonante para dar un impulso definitivo a la bodega, pasando de ser un hobby a un proyecto con visión de futuro, pero eso sí, “respetando los tiempos, los ciclos y cada elemento integrante de este hábitat” y cuyas instalaciones han pasado de estar situadas en el garaje de casa a una Bodega con una sala de elaboración, una sala de barricas y un almacén donde termina el proceso de evolución de los vinos.

Martin reconoce que le costó adaptarse al idioma y sobre todo entenderlo, aunque hoy día se considera un nativo de Ronda. Con un característico deje marcado de la zona, es su peculiar acento uno de los aspectos que más lo identifican, unido, eso sí, a su rigor germánico y su discrepancia hacia la laxitud y la relajación –apunta entre risas”.

Bodega eco de producción limitada

Hoy día la Bodega Kieninger cuenta con un viñedo de más de tres hectáreas y media y alcanzan una producción anual que oscila entre las 11.000 y las 15.000 botellas, siendo sus tintos con DO Sierras de Málaga, Vinana, todo un crianza con más de 12 meses en barrica de roble junto a su tinto Maxx, elaborado este con uvas autóctonas andaluzas, las que ostentan el mayor número de litros envasados. Aunque como precisa Araceli “trabajar en ecológico es realmente un reto, es preciso mantener el hábitat y actualmente en la bodega trabajamos de forma artesanal con levadura autóctona y el bazuqueo entre otros.

Viñedo

Y es que esta bodega eco, aunque ofrece una limitada y exclusiva variedad de vinos, destaca por la mesura y la armonía que rigen cada uno de los procesos que comprenden su cultivo y creación, donde el control de la humedad del suelo, los cambios de temperatura, la poda, la vendimia – “recogiendo el fruto siempre en su estado óptimo de maduración”– y la pisa o prensado, así como los aportes de madera de las barricas de alta calidad de roble francés, americano y centroeuropeo, entre otros aspectos, siguen los métodos más originarios y artesanales, “permitiendo dar tiempo a tiempo, porque solo así nacen unos vinos con cuerpo y alma”.

Vinos con nombre propio

Una delicada labor que ha derivado en vinos con nombre propio. Tanto es el empeño por el trabajo bien hecho que Martin decidió dedicar cada gran vino a cada uno de sus tres hijos. Así su vino Maxx está dedicado a su hijo mayor Max, que al igual que su padre es arquitecto y aunque actualmente vive en Austria, desde allí colabora con la comercialización de los vinos elaborados en la Bodega Kieninger.

El vino rosado Rosara es un tributo a su hija mediana Sara, una joven diseñadora afincada en Madrid que ha sido la encargada de elaborar las etiquetas que elegantemente lucen cada una de las botellas que envasa esta bodega.

Finalmente, “el pequeño Francisco Ezequiel al que todos llamamos Paquito” que con tan solo veinticuatro años y recién graduado en Matemáticas es el digno representante de un vino tinto homónimo, joven, fresco y sin sulfitos añadidos, cuyos toques a frutos negros y rojos le otorgan un volumen y redondez únicos.

Martin Kieninger con sus hijos

Martin con su hijo Francisco Ezequiel (Paquito)

Y es que la familia Kieninger manifiesta una gran expresividad tanto artística como de fusión con el medio natural, una familia que ha ido creciendo con el tiempo gracias a la aportación de Araceli que, junto a sus hijos Álvaro y Marta, profesan una gran pasión por la viticultura y los caldos hechos “a conciencia”, haciendo prever interesantes vinos jóvenes con nuevos nombres propios.

Nueva familia Kieninger

De izquierda a derecha: Max, Sara, Paco, Marta y Álvaro

Los vinos creados en bodega Kieninger se comercializan hoy día a través de diferentes canales; trabajan con una distribuidora de la Costa del Sol y otra de Sevilla que les permiten posicionar sus vinos en distintos puntos de Andalucía; llegan a Austria y Bélgica gracias a la labor del hijo mayor de Martin, y por otra parte, es el propio Martin quien introduce sus productos en restaurantes de la provincia, como es el caso de Bardal, además de la venta a particulares a través de pedidos directos, las visitas guiadas y catas que se organizan y todos aquellos amantes del vino que los descubren por recomendaciones de amigos y familiares.

Premios

La filosofía de la Bodega Kieninger, enfocada en una economía circular y sostenible con una producción plenamente ecológica certificada y controlada ha permitido que sus vinos sean reconocidos en multitud de concursos y certámenes.

Entre 2009 y 2022, sus tintos Vinana y 7 Vin obtuvieron diversas medallas de Oro y Plata en el  Concurso Mundial de Bruselas. También hay que añadir que los vinos de Bodega Kieninger destacan año tras año con puntuaciones altas, entre 90 y 93 puntos en la Guía Peñín, la guía de referencia que recoge los mejores caldos del panorama nacional.

 

En 2020 y durante el VII Concurso de Vinos con Denominación de Origen Málaga y Sierras de Málaga que organiza anualmente la Diputación Provincial de Málaga junto a Sabor a Málaga, la Bodega Kieninger obtuvo un galardón al mejor vino tinto con más de 6 meses en barrica de roble por su vino Vinana 2015 con D.O.P. Sierras de Málaga, convirtiéndose así en el primer vino ecológico de la provincia que gana este certamen. Un año después, y durante la octava edición de este mismo concurso, Vinana 2016 se alzó nuevamente con otro galardón en la misma categoría.

En equipo

vendimia Kieninger

Y es que para llevar a cabo este fabuloso trabajo es necesario contar con un gran equipo, por ello, aunque Kieninger se configura como una modesta bodega en la que actualmente trabajan tres personas – número que aumenta considerablemente en ciertas épocas del año, fundamentalmente durante la vendimia–, funcionan como un engranaje familiar perfecto. “Jesús es el encargado del campo y los trabajos en Bodega” –nos describe Araceli. Martin, por su parte, como creador de la Bodega, centra su labor en la elaboración del vino junto a Jesús, controlando el bienestar del campo y la salud de las cepas y racimos, además de asumir las tareas comerciales. Y finalmente, es la propia Araceli quien ejerce las funciones desde el área administrativa, atiende las visitas guiadas y catas que se organizan en la finca, además de hacernos un bello recorrido por el viñedo y las instalaciones de la Bodega eco Kieninger.

Entre vides, barricas y alimentos de la tierra

Es gracias al enoturismo que podemos descubrir los otros muchos encantos que nos depara la propiedad de este bodeguero en plena Serranía. Araceli nos relata que empezó a trabajar en la bodega Kieninger hace unos cinco años. “Mi padre trabajaba en una gran bodega de la zona y debido a ello me inicié en este mundo”. Conoció a Martin en FENAVIN, la Feria Internacional del Vino que se celebra anualmente en Ciudad Real, y fue allí donde dio comienzo a una nueva etapa profesional.

Desde entonces, Araceli ha hecho de la bodega Kieninger su profesión y su hogar. Es la encargada de atender y recibir a los grupos que conciertan un tour por sus viñedos y la bodega e incluso tutela las catas maridadas con productos Sabor a Málaga. “Yo realizo las visitas en español e inglés, mientras que Martin las hace en alemán”–sostiene. Tanto Martín como Araceli se vuelcan por dar a conocer no solo su negocio, sino el espíritu y su filosofía de vida, mostrando a los visitantes todo el proceso desde el origen, haciendo un recorrido por la viña, explicando cómo se encuentra la planta en cada etapa y sus circunstancias; cómo llega el fruto y el proceso que se sigue hasta llegar a las barricas y su envasado. Unas visitas que culminan con distintos tipos de catas, “una de ellas consta de cuatro vinos que se acompañan de productos típicamente malagueños, como son un buen salchichón de Málaga, unos picos y unas aceitunas del terreno” –sonríe Araceli–, quien al referir dichos placeres gastronómicos nos abre el apetito.

Un entorno que inspira

Ser ecológico es atractivo –aseguran Martin y Araceli – y aunque puede ser el mayor reclamo de esta pequeña bodega, su esencia radica en el entorno acogedor y natural que se respira.

La viña rodeada por un seto natural de granados, membrillos, espino albar y zarzamora, delimitan un hábitat muy peculiar. Es tal el ambiente que se percibe y se siente en esta finca que se ha convertido en escenario de muy diversas celebraciones, así como de “varias pedidas de manos e incluso de muchas otras anécdotas que quedan guardadas en los secretos de estas bodegas” –confiesa Araceli.

 

familia Kieninger

Ambos, tanto Martin como Araceli son amantes de los animales y la naturaleza en su estado más puro. Con ellos conviven “dos perros muy amigables que reciben con agrado a los visitantes, uno muy cariñoso llamado Blanco, que se ha ganado estar representado en las etiquetas de su vino blanco, y otro can también muy afable llamado Rocco (que en el momento de publicar este reportaje, y debido a su avanzada edad, ya no se encuentra presente en la familia Kieninger). Un remanso de paz donde el hombre y los animales, entre ellos también algunas gallinas, gansos, gatos, y en otro tiempo incluso caballos, pasean tranquilamente junto a todos aquellos que se animan a conocer la bodega.

perro bodega Kieninger

Según nos indica Araceli, anualmente reciben entorno a un millar de visitas procedentes de todas las partes del mundo. “Vienen muchos americanos, ingleses, belgas, holandeses, alemanes y de otras zonas del norte de Europa y en menor medida el público nacional, aunque después de la pandemia este ha experimentado un interesante crecimiento”. Araceli recuerda que en una ocasión era tal la cantidad de visitas que recibieron que consiguió vender 64 botellas de vino en una hora y media, “unas ventas extraordinarias en un tiempo récord” –nos relata con una amplia sonrisa de satisfacción.

Exposiciones y  ferias, un acierto junto a Sabor a Málaga

Y es que, aunque disponen de una producción muy limitada, el deseo de Kieninger es que todo el mundo tenga la oportunidad de degustar las cualidades y sensaciones que trasmiten sus vinos. Para ello, y vinculados a Sabor a Málaga desde 2017, –“marca que conocimos gracias al Consejo Regulador DOP Málaga, Sierras de Málaga y Pasas de Málaga y cuya adhesión ha sido todo un acierto”– han procurado estar presentes en la mayoría de las actividades que la marca agroalimentaria de la Diputación Provincial organiza a través de todo el panorama nacional e internacional.  De este modo, los vinos premiados con denominación de origen Sierras de Málaga Kieninger han estado presentes en exposiciones especializadas como Verema, Fenavin y el Salón Gourmets de Madrid, entre otros, además de participar en los mercados comarcales y en la Gran Feria de Sabor a Málaga que se celebra anualmente en el mes de diciembre en el Paseo del Parque de la capital malagueña.

Sensaciones artesanales

Una proyección y prospección comercial que ha permitido posicionar los magníficos vinos elaborados en la Bodega Kieninger. Aunque como nos comenta Araceli, su único objetivo a corto y medio plazo es el producir unos vinos en tiempo y con la calidad que se merece el cliente; tener conciencia de un trabajo bien hecho y que el consumidor se sienta recompensado. “Este es el verdadero propósito de esta pequeña bodega, que apuesta fundamentalmente por el trabajo artesanal y con especial cariño, porque prácticamente todo se hace de forma manual, incluido el etiquetado y el encorchado. Todo un conjunto de detalles que deseamos trasmitir y con el deseo de que todo aquel que cate nuestros vinos disfrute de ellos en cada sorbo”.

Maridajes en buena compañía

“Acompañar a los vinos Kieninger es realmente sencillo” –apunta Araceli, quien nos revela que a la hora de maridarlos con productos típicos de la zona y la rica gastronomía que impera en nuestra provincia ­–como los embutidos y morcillas rondeñas, las migas con chorizo o la caldereta– e incluso con las recetas más vanguardistas, no suponen ningún reto. “Son unos vinos agradables y fáciles de combinar, por ejemplo nuestro tinto crianza Vinana llena de matices y de un gran sabor a un guiso de rabo de toro; está superlativo con todo tipo de arroces y como no, es infalible con un buen plato de jamón y queso”. Por su parte, el rosado Rosara, es un vino elegante e idóneo para maridar con entrantes y para aquellos amantes del sushi. “Francamente, son vinos que se disfrutan en nariz y boca y cuidar detalles como el hecho de que cada una de las uvas que se empleen estén frescas y no sobre maduradas, permiten que sus tintos estén vivos y con buena acidez, además de poseer cuerpo e intensidad”.

En el siguiente vídeo, Martin nos describe las sensaciones y la experiencia que nos ofrecen sus catas de vinos ecológicos.

Incuestionablemente, Bodega Kieninger es uno de esos lugares con encanto que es preciso visitar y sobre todo, por unos vinos dignos de degustar. Un entorno donde confluyen grandes culturas y que se perciben desde los racimos que crecen entre los pámpanos de las viñas hasta en el trasiego de las barricas. Unos caldos con tintes austriacos, pero con esencias y emboque que desprenden frescura de la montaña y templanza del Mediterráneo. Un lenguaje propio que fluye en la biodiversidad de un hábitat, propiciando así unos vinos con denominación de origen Sierras de Málaga que cautivará cada uno de nuestros sentidos. Un equilibrio entre valores humanos y sostenibilidad con un auténtico sabor a Málaga.

 

Filosofía Kieninger

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