Finca La Juntilla es una explotación agrícola ecológica de origen familiar situada en el término municipal de Coín, en la comarca malagueña del Valle del Guadalhorce. Unas tierras donde los productos locales y de temporada se cultivan con esmero, como la tradición y las costumbres mandan, atendiendo al calendario y mirando “las lunas” para que la siembra y la recolección, entre otros quehaceres propicien la mejor cosecha. Frutas, verduras y hortalizas ecológicas en su punto óptimo para el consumo, que aportan grandes beneficios para la salud, y que según la estación del año nos brinda desde unas frescas y vigorosas espinacas, acelgas o coles, además de las imprescindibles naranjas y limones, más propios del invierno, hasta sandías, melones y el célebre y autóctono tomate huevo de toro, sabores y aromas que acompañan y lucen nuestras mesas durante el verano.

Volver a sus raíces

Volver a sus raíces y a la tierra de cultivo es lo que decidió hacer Diego Díaz Vázquez, cuando la crisis de 2008 le obligó a bajar del andamio y dejar atrás la construcción, un sector gravemente dañado en todo el país. Un tiempo realmente difícil y con la responsabilidad de sacar una familia adelante. Aquella pequeña finca que había conservado, y que heredó de su padre, le sirvió para encaminar su futuro. Diego siempre había mantenido las tierras familiares legadas porque en ellas solía pasar su tiempo libre, “criando alguna que otra cosilla para abastecer a la casa”, como nos relata su hijo mayor, también llamado Diego. Por aquel entonces, varios agricultores de la zona que se encontraban en similares circunstancias empezaron a reunirse y a buscar propuestas y recursos que les permitiesen afrontar el cambio, naciendo así la Asociación de Agricultores y Artesanos de Coín, colectivo que, entre otros, puso en marcha el hoy conocido Mercado Agroalimentario del Guadalhorce, un espacio abierto y dinámico donde los productores locales ofrecen directamente a los consumidores sus productos frescos de Kilómetro Cero.

Diego ‘padre’ -digámoslo así para poder identificarlos-, funda en 2010 Finca La Juntilla, empresa que recibe el nombre por la localización de la propiedad, situada entre el río Grande (afluente del Guadalhorce) y el río Pereilas. “Mi padre compró a mi tío unas parcelas y las unió a su finca, conformando una extensión de unos 20.000 metros cuadrados, donde comenzó plantando aquellos productos que se criaban en nuestra zona de toda la vida, siguiendo las pautas reveladas por mi abuelo, quien había sido un humilde y activo agricultor, de aquellos de los que se ganaban la vida con el campo hasta que el trabajo en él pasó a no valer nada”, nos cuenta Diego ‘hijo’ apenado. 

Un paso firme hacia lo ecológico

Ya en 2012, Diego ‘padre’ decide apostar por el cultivo ecológico, esa forma de entender la agricultura donde los alimentos alcanzan la máxima calidad, respetando el medio ambiente, conservando la fertilidad de la tierra y evitando los productos químicos, “como ha hecho durante miles de años”. Para ello se certificó con la entidad especializada en producción ecológica, el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica (CAAE), uniéndose también a la Asociación Guadalhorce Ecológico. Es en 2015 cuando Diego ‘hijo’ -quien nos concede esta entrevista y nos confiesa que estudió informática, además de ser cerrajero- se une al proyecto para acompañar y dar relevo a su emprendedor padre. “En ese mismo año nos surge la posibilidad de poner un puesto en el mercado de Guadalhorce Ecológico, donde pequeños productores dados de alta en esta modalidad de cultivo tenemos la oportunidad de vender nuestros productos, realizando una ruta cada sábado y domingo, que nos lleva por los mercadillos habilitados en varias localidades de la provincia como Marbella, Cártama, Benalmádena, Málaga, Fuengirola y Mijas”, nos afirma.

Cultivos en rotación

Actualmente, Finca la Juntilla cuenta con una superficie de 6 hectáreas –unas propias y otras en alquiler- donde se cultiva en rotación, evitando que el suelo se agote y que las enfermedades que afectan a un tipo de plantas se perpetúen. Diego ‘hijo’, segunda generación de Finca la Juntilla, nos detalla que en sus fértiles suelos disponen de al menos 35 cultivos diferentes, en los que fomentan siempre los alimentos de temporada, para posteriormente venderlos y distribuirlos en comercios y restaurantes, en los mercados, antes citados, además de a particulares, atendiendo pedidos por teléfono, a través de su página web, Facebook o por WhatsApp. Un servicio a domicilio que tuvo una gran expansión durante el confinamiento vivido en 2020, con motivo de la pandemia del coronavirus, y cuya experiencia les permitió perfeccionar su sistema logístico. “Ahora, los pedidos que recibimos por cualquiera de los medios habilitados para ello son preparados los lunes y el cliente lo recibe antes de las 14 horas del día siguiente en cualquier lugar de España. Diego nos asegura que aunque el 80% de la producción tiene cabida en la provincia de Málaga y casi el 20% restante llega a muchos otros puntos de la provincia de Cádiz, ha recibido pedidos de Sevilla, Murcia y sobre todo Madrid.

“Una cesta de la compra rica y variada”

En Finca la Juntilla disponen de una nave de unos 250 m2 donde se limpia, prepara y dispone todo el género cosechado a diario para que llegue al cliente final con todas sus cualidades y propiedades. Durante el invierno, “tienen mucho éxito todas las plantas de hoja verde, como las espinacas, los manojos de acelgas, los canónigos, el cilantro o la lechuga, pero también son muy solicitadas nuestras deliciosas y dulces naranjas, las autóctonas de nuestro Valle del Guadalhorce, además de mandarinas, limones y pomelos”, matiza. Otro producto estrella son las patatas nuevas, de las que recolectaron hace poco una cosecha de casi 5.000 kilos. “Cabe señalar que casi todo lo que encontramos en muchos supermercados son patatas que llevan ya un tiempo conservadas en cámaras, pero nosotros damos garantía de un producto de calidad, fresco y recién cosechado”. Igualmente destaca y enumera la calidad de sus ajos, cebollas, coliflor, kale, calabaza, brócoli, batatas, rabanitos, remolacha, nueces pacanas, aguacates, granadas, uvas, nísperos, melones, los carnosos tomates huevo de toro y hasta sus garbanzos lechosos. “Pero todo en su tiempo, desde luego y en definitiva, una cesta de la compra rica y variada”.

Siempre aprendiendo

En esta empresa familiar trabajan actualmente cinco personas, entre las que se encuentra el hermano de Diego, “quien me ayuda en las labores propias de la tierra: arado, abono, siembra”, asistidos también por maquinaria especializada, “cinco motocultores, dos tractores y una gran colección de herramientas para abarcar las distintas faenas que se nos presentan cada día. Porque aquí, como en muchas otras profesiones y oficios, no paramos de aprender y buscar utensilios y técnicas que nos permitan mejorar, sin olvidar la pautas tradicionales y más esenciales, como el saber cuándo la luna nos es más propicia”, añade.

Y es que hay que estar bien formados y hasta para maniobrar un tractor es preciso tener conocimientos, destreza y disciplina, nos comenta Diego. “Recuerdo el primer tractor que compré, uno pequeñito de segunda mano. No tenía ni idea de manejarlo y yo creí sentirme preparado. Era precisamente un 2 de enero cuando lo estrené de un modo inolvidable. Me fui a la parte de la finca donde está el olivar y empecé a conducirlo, aceleré más de lo debido y llegó un momento en el que no podía parar y, claro está, lo volqué por completo, ante la mirada atenta de mi hermano y de mi padre, quien decía sin parar ‘ya verás el Cabí, ya verá el Cabí’ -el apodo con el que se le conoce al mecánico del pueblo- nos relata con una apesadumbrada sonrisa. Me zafé de un fatal accidente y le cogí tanto miedo a aquella máquina que en cuanto pude, me deshice de ella”. Diego apunta que aquella fue una ejemplarizante lección y aprovecha estas líneas para hacer un llamamiento a la sensatez “y es que cuando somos jóvenes nos creemos saberlo todo y nos vemos invencibles”, alega con sinceridad.

Cercano y de confianza

Con los pies en la tierra y la lección bien aprendida, Diego afronta una nueva etapa en el negocio familiar. Entre sus objetivos a corto plazo está el apostar por las nuevas tecnologías, dar visibilidad a su página web, a su tienda online y mantener un contacto cercano, directo y de confianza con sus clientes, a los que también cuida a través de las redes sociales. Igualmente está proyectando un pequeño invernadero, pero que aún se encuentra en fase muy experimental, porque su objeto es mantener la más absoluta calidad de los vegetales y hortalizas.

Adheridos a Sabor a Málaga desde abril de 2018, Finca La Juntilla ha tenido la oportunidad de asistir a numerosos eventos y ferias organizadas por la marca promocional de la Diputación provincial, desde las asiduas y diversas ferias comarcales hasta la Gran Feria, una cita anual que ha venido celebrándose en el centro de la capital, bien en la Plaza de Toros de la Malagueta o en el Paseo del Parque, donde el gran público local y visitante ha podido disfrutar de las excelencias de los agricultores y productores de esta tierra tan incomparable. 

Un privilegiado

Diego Díaz Sánchez, hijo del fundador de Finca La Juntilla, nos anima a descubrir los productos cultivados en una las ricas comarcas de la provincia malagueña, como es el Valle del Guadalhorce. Asegura que es un trabajo realmente bonito, donde estar en contacto con la naturaleza y al aire libre te hace sentir privilegiado, aunque haya días duros en los que la lluvia o el calor intenso te “emborronen esa imagen”, nos confiesa entre risas. 

Le encanta la cocina y los platos con tradición, en los que los productos de temporada brillen de un modo único, como la deliciosa Ensalada Malagueña o un sabroso salteado de verduras. “Por las noches suelo preparar una buena sartén con una combinación de col, zanahoria, cebolla, brócoli y coliflor –y lo que se me ocurra-, aderezado con un generoso chorro de aceite de oliva virgen. Un wok, como lo llaman ahora, y sin duda alguna, una receta saludable, nutritiva, deliciosa y fácil de preparar”.

 La diferencia

Y es que todo sabe mucho mejor cuando los ingredientes de un plato proceden de una finca como La Juntilla, donde entienden la agricultura como un proceso que requiere tiempo, paciencia, amor y dedicación. Unos valores y preceptos heredados de generación en generación, en los que Trini Sánchez y Diego Díaz, padres de este joven agricultor ecológico, han aportado valiosas lecciones, haciendo posible que los alimentos de temporada cultivados en sus tierras estén dotados de una firme textura, un incomparable e intenso aroma y un distintivo sabor natural colmado de magníficos beneficios. Porque como puntualiza Diego ‘hijo’, cuando nos conoces y pruebas nuestros productos, es cuando descubres la diferencia”.

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